17 sept. 2009

Un instante de luz



Se está muriendo el verano y yo ando por aquí, quemando días. Más mosqueada de lo que esperaba, puede que menos tranquila. Cuando la cotidianidad no depende de uno es fácil enfadarse con las circunstancias. La vida debería ser como un juego de dados en el que la suerte sólo dependiera de la tirada que hagas. Uno sólo ante el destino, sin nadie más metiendo baza en el envite.

Mi ciudad lleva un día llorando y nunca he sido buena compañera de la lluvia. Me deprime, me angustia, me provoca añoranza. En mi vida anterior, en días semejantes, me parapetaba con unos buenos zapatos y salía a la calle a destrozar charcos en las avenidas vacías. Después regresaba empapada y me sumergía en una bañera humeante hasta que sentía que con el agua se había ido todo lo malo, lo gris, lo feo de este mundo.

Curioso este ritmo nuestro que nos impide, a veces, hacer lo que deseamos. Tirar tabiques, aporrear puertas, desatar huracanes. Indefinible esta manía de malgastar el tiempo con sensaciones extrañas. Pasan los años y uno se descubre como ayer, pese a las canas, las arrugas y las migrañas.

Puede que un día aprenda a mantener la luz encendida, ante cualquier circunstancia, pese a todas las eventualidades posibles. Sí, tal vez, un día, uno cualquiera, lo consiga.


10 sept. 2009

¿Y por qué no hoy?



Aquel día de finales de un agosto cualquiera en el que me quedé colgada de un par de frases sin sentido no podía imaginarme que, en ese futuro irreal que hoy es presente, estaría prendida de su sonrisa a diario.

Dos billetes con pasaje de vuelta con los que llevamos viajando ya seis años sin movernos apenas de esta ciudad en la que habitamos. La inconformista con cabeza amueblada se descubrió con menos muebles en la azotea de lo que parecía, demostró ser algo más débil de lo que prometía y evidenció que cargaba, tal vez, con una maleta que contenía excesivas miserias, pero .... aún así, aquí seguimos, descubriéndonos esquinas nuevas cada día.

Convivir no es fácil. Despertar y acunarse cada noche a la vera de otra persona precisa deseos de entrega, aceptación de las miserias propias por encima de las ajenas, no ambicionar ser siempre el protagonista en cada capítulo de la historia. El ego individual al servicio del colectivo, acompasar el paso al de aquel que puede que vaya más rápido, o más lento, o más revirado. Contemplarse en otra mirada y descubrirse no tan alto, ni tan bello ni puede que tan chispeante como uno se creía.

Duplicarse es .... inexplicable. Una de esas experiencias que uno tiene que vivir en carne propia para poder entenderla. Ser dos en uno, gozar de cuatro manos, el palpitar de dos corazones, un cuarteto de visiones cada día. Dejar una parte de ti paladeando sueños mientras la otra se sumerge en la vorágine diaria. Dormirte la comida mientras tu otra mitad anda buscando unicornios con los que embellecer la vida. Regresar a casa con la certidumbre de que tu rincón en el mundo se encuentra a salvo.

No tenemos días especiales, aspas en el calendario, fechas marcadas en rojo en nuestra agenda vital. Cualquier instante vale para celebrar lo cotidiano, el gesto fácil del vivir. Hoy mismo es tan válido como mañana, y, eso, precisamente, es lo que me lleva a vomitar estas palabras que podría haber tecleado ayer, sintiendo las mismas cosquillas en la punta de los dedos.



(Ahorita mismo, sería capaz de desmontar el mundo y confeccionarme una escalera para llegar hasta tu sonrisa, aunque, sinceramente, me alegro infinito de saber que no necesito hacerlo.)


4 sept. 2009

Quemando días




Cinco madrugones más y estaré de vacaciones (el maleficio se ha roto en pedazos y puedo vocearlo sin problemas). Diez viajes más tortuosos en metro y quince días sin adentrarme en sus túneles negros. Sin apretujones, sin agobios, sin sudores extraños compitiendo por empaparme la piel. Cinco jornadas laborales con toses y diez completas sin tener que escuchar el teléfono repiqueteando.

Dejarán de borrarme el nombre, de perturbar mi silencio, de mostrarme lo ridícula que es la vida para algunos. Se desdibujarán mis ojeras y empezaré las mañanas cuando la claridad impregne mi cuerpo. Desayunaré tranquila sin pensar en salir corriendo con el café aún humeando en mi garganta. Pasearé sin prisas porque nadie me esperará a una hora concreta. En ningún sitio, en ningún lugar. Me dejaré mecer por las sonrisas sin importarme el tiempo que me quede colgada de ellas. Buscaré voces cuya melodía me inspire palabras nuevas. Leeré el periódico sin atragantarme con cada noticia. Notaré como pasan las horas sin amargarme porque se conviertan en días.

Cinco .... sólo cinco más.

2 sept. 2009

Volando



Sentada en la orilla contemplaba las olas que se mecían a sus pies. Respiraba ese aroma inconfundible a sal, a brea, a vida, dejando que la impregnara por completo. De cuando en cuando, cerraba los ojos y se dejaba llevar por el antiguo ritmo de la marea.

Mientras estuviera allí, lo demás no existía. Las prisas, los agobios, las necesidades ajenas, las prioridades, los atascos inmundos de la ciudad. Nada de eso llegaba hasta su pequeño rincón de arena.

Con cada aspiración marina volvía a ser, de nuevo, aquella niña prendida a una coleta que, en blanco y negro, se balanceaba en un columpio urbano. Mas alto, siempre quería llegar mas alto. Sentir como el suelo desaparecía bajo sus pies, volar, alejarse de todo. Colgando del aire no había peligros, monstruos, palabras dolorosas. Observando el horizonte era libre, especial, única.

Sintió una leve caricia en la nuca. Una suave, de esas que te recorren completa sin apenas rozarte. Inclinó ligeramente la espalda y se dejó abrazar .... mientras seguía absorbiendo mar.