2 sept. 2010

Desde la barrera






Se han esfumado Julio y Agosto y casi ni me he dado cuenta. Dos meses completos sin trabajar ..... ¿Cuánto hacía? Creo que andaba por los dieciocho, sí, ha llovido desde entonces. Esto de amoldarse al paro no es fácil. Los días se alargan, las horas carecen de sentido, nadie te espera en ningún sitio .... y, claro, tu andas por ahí, como un fantasma. Estás y no estás, una sensación extraña.

Se me hace difícil leer sin estar en el metro, es una de las primeras cosas de las que me he dado cuenta en esta mi nueva situación vital. La devoralibros necesita del traqueteo y la marea humana para concentrarse en la lectura, quién se lo iba a decir, hace apenas dos meses. Otra sensación rara es esa de no echar de menos ... Tenía mis dudas, pese a todo. Veintiún años son demasiados como para no añorar voces, palabras, presencias. Se confirma, por tanto, que estaba muy quemada, algo que intuía pero que precisaba una constatación en firme. El miedo inicial se ha desvanecido, no es que habite en la tranquilidad absoluta pero, tras las primeras semanas, he empezado a reírme de todo lo que antes me aterraba. Acepto la situación actual y me acepto con todo lo que ello implica, será difícil, pero he llegado al convencimiento de que no hay nada imposible.

Dentro de una semana comenzará otra historia .... Vuelvo al cole, con la mochila y el bocata. Serán sólo unos meses, pero, para romper rutinas, me vale. Tras la mínima prueba realizada en Julio, puedo decir que he cambiado lo suficiente como para no asustarme entrar en un aula llena de desconocidos. Va a ser el corte de pelo, fijo. ¡Si lo hubiera sabido antes! .....

Este mi rincón está un poco deshabitado, pero, es lo que tiene transformarse en fantasma: no puedes dejar huellas. Vomitar implica tener algo dentro, y, durante estos meses, he estado vacía. Esperemos que, de a poquitos, empiece a sentir que las palabras bullen por mis dedos ..... Esperemos.