6 oct. 2010

Sintiéndome extaña





Había escuchado por ahí que el estado del parado era plácido, tranquilo, algo así como unas vacaciones largas, sin fecha de caducidad. Mentira cochina.

Los conocidos, al enterarse de mi nueva situación, me decían eso de: aprovecha esta etapa, goza de la tranquilidad, después de tantos años te mereces un parón, ahora tendrás tiempo para hacer otras cosas. Me río cada vez que recuerdo esas frases, me río por no llorar, claro.

Mis días se han transformado en un carrusel de luces y sombras continuo. He tenido que confeccionar un calendario, como cuando iba a la universidad, para no perderme entre tanto curso con horarios distintos y citas de todo tipo. Algunos días, de seguir la plantilla, debía estar en tres sitios al mismo tiempo, cada uno en una zona diferente de la ciudad. He vuelto a pasar toda una jornada fuera de casa, de aquí para allá, con la mochila al hombro y el bocata bien guardado en el fondo, para evitar males mayores y que el cuaderno de notas no apareciera en medio de una clase con manchas de mortadela. Y, todo eso, para nada, ni siquiera ha servido para perder esos kilos de más que, no sé bien cómo, se han adosado a mi cuerpo (prometo que hace un par de años no tenía nada de eso en mi cintura). Un día de estos voy a tener que hablar seriamente de los cursos para desempleados, esos que todo trabajador costea de su nómina mientras que está cortizando a la bendita seguridad social (un 0,10% en concepto de formación), de los formadores de dichos cursos, de los tutores de los mismos y de la madre que parió a los responsables de tamaño despropósito. Un día de estos lo haré, cuando tenga ganas de ponerme seria, pero, ahora, no toca.

No toca porque hoy me siento un tanto extraña, ni pa ti ni pa mí, ni frío ni calor, ni aquí ni allá ..... Esta mañana me he sentido, sabiendo que no debía, una cabrona redomada, se me han roto las carnes y me he detestado a mí misma. Luego he respirado con calma, me he fumado un cigarro, me he dicho eso de: la decisión es la correcta y he seguido con mi día. Pero, no puedo evitarlo: me siento extraña.