Siete, ni uno más ni uno menos, siete. Esos son los años que cumple, un día como hoy, la princesa de mi familia, Lucía. Todavía no he podido hablar con ella, hoy es uno de esos momentos extraños que vivimos en los últimos tiempos, pero, seguro que no tardando mucho, le cantaré el cumpleaños feliz, le preguntaré que le han regalado y escucharé alguna de sus famosas frases, una de esas que te dejan tiritando y sin saber muy bien qué contestar.
Quien más quien menos tiene un niño especial cerca, da lo mismo que sea hijo, sobrino, primo o .... lo que sea. Un niño cuya sonrisa conocemos desde que vino al mundo, e, incluso antes, si hemos tenido la fortuna de estar en vivo y en directo en una ecografía. Lucía es mi niña, esa niña que nunca pariré. Fui la tía atenta durante todo el embarazo, durante su momento de llegar al mundo, viví su salida del quirófano y tuve la fortuna de ser la encargada de quedarme con ella sus primeros instantes de vida, mientras su madre volvía para acogerla entre sus brazos. La he visto mamar, disfrutar con sus primeros baños, aprender a comer sólidos, descubrir lo que era gatear, ponerse de pie y observar el mundo desde esa postura, sus primeras palabras, esa manera tan especial de decir que quería dibujar y, un día único que nunca olvidaré fui testigo de como leía su primer cuento.
Momentos y momentos que ella no recordará, como tiene que ser, pero que para mí son y serán inolvidables. Dentro de muchos años, cuando esta que teclea sea una ancianita estupenda (porque me niego a pensar que el futuro me va a deparar otra cosa), le contaré historias que ella habrá olvidado y, espero, nos reiremos juntas de aquellas que ya no seremos pero que, en su momento, fuimos. La vida tiene muy pocas cosas únicas, muy poquitas, por eso es un lujo poder gozar de una de ellas. Soy y seré siempre la tía Vero, esa que se asusta con casi todo, que regaña cuando tiene que regañar pero que tiene la paciencia infinita de pasarse horas y horas inventándose un cuento del que nunca pierde el hilo.
Estos instantes vitales no me están resultando muy agradables, por eso, supongo, tenía que llegar un día especial para que me armara de valor y volviera a teclear en este mi rincón, últimamente un poco dejado a la buena de los demás. Espero que todos me lo sepais respetar.
Un beso gordo, Lucía, con abrazo de oso incluido. Tal vez, dentro de un año, tengamos que hablar ya de novios y esas cosas de mayores ..... tal vez, quien sabe.
(Tengo para ti un nido en mi árbol y una nube blanca, colgada de alguna rama. Muy blanca ...... Lo tengo y lo tendré siempre, porque, aunque ahora no te lo creas mucho, Lucía, hay personas que son para siempre. Y, de eso, sabe mucho más que yo Lluis Llach .... muchísimo más)

