21 jun. 2012

Momento pañal







Tenía que llegar este momento y, he de reconocerlo, le teníamos pavor. En un par de ocasiones, por dermatitis varias, habíamos probado la maravilla de "Elniño sin pañal" y tuvimos la extraña sensación de haber acogido un perrillo chico en casa: cada diez minutos se hacía pis encima y lloraba porque había agua (a la criatura se le ha dado siempre muy bien eso de echar balones fuera).


Es uno de los más pequeños de su clase, y, poco a poco, los demás fueron dejando ese apósito. Así que, por lógica, llegó un día en el que escuchamos aquello de yo no teno calzoncillos y, un poquito después, ya de manera más rotunda, lo otro de yo no tero panal. Un fin de semana de estos, aprovechando la mejoría del tiempo, nos pusimos el mundo por montera y .... fuera pañal. Y, él, tan contento, con sus calzoncillos naranjas (si, si, si, ya llegó con este color como preferido, a nosotros, que nos registren) y, aunque no lo pedía, pues eso, se dejaba hacer. Y venga a festejar, y venga a dar palmas, y venga a decir lo mayor que es ... (un máster, señores, talmente, si alguien necesita información al respecto, que no se corte y pregunte).


El caso es que todo iba más o menos bien hasta que .... hasta que iba al cole. Elniño es como es y toma sus propias decisiones. En la situación que nos ocupa tenía clara una cosa: no iba a hacer pis en el cole nunca. Aseguro que utilizó ese término: nunca. Decir que nos pusimos a temblar es poco, yo creo que empalidecimos. Las charlas, las amenazas, las coacciones, las sesiones de hipnosis (entiéndaseme la broma, por favor) .... Nada servía, no quería y no quería. Hasta que ..... hasta que descubrimos dónde residía el problema: en el cole le ponían a hacer pis en el orinal y, claro, Elniño, que ya es mayor, lo que quería es ir al baño él solito. Aclarado el problema, la solución funcionó y ... salvo leves escapes producto de la tensión del juego en el patio (qué queremos, mantener el control del coche de bomberos es fundamental), todo marcha bien. Tan bien, que, la verdad, no nos lo creemos.


Ahora, que los pantalones que hasta ayer le servían le vuelven a quedar grandes dada la falta de envoltorio, es un lujo verle levantar los brazos gritando goooooooooooooollllllllllll, escucharle decir eso de España, ra ra ra y, claro está, aquello de yo soy epanol epanol epanol. ¿Alguien tenía alguna duda al respecto? Lo mejor es cuando le dices que todos los demás también somos españoles: se muere de la risa. Porque, claro, la verdadera pregunta es: ¿qué piensa Elniño que es ser español? Yo, ahí la dejo, me tiene de lo más preocupada la cuestión, la verdad sea dicha.



13 jun. 2012

Uno más








Sí, señores, sí, aquí está. He intentado por todos los medios que este año no pasara pero, no ha habido manera y aquí está: un año más. Cuarenta y cuatro ya, ahí es ná.

Eso sí, como soy mayor y puedo votar y pagar impuestos y esas cosas, he decidido, también, optar por no celebrarlo. No es que lo haya celebrado nunca mucho pero, este año, menos todavía. Una comida con mi plural y todas las risas posibles con Elniño, sin más. Digamos que una no tiene el chichi pa´farolillos, con la que está cayendo. Porque, si al menos me cayeran los cuarenta y cinco, todavía podía pensármelo, pero, como ni eso, pues, para qué.

Cada vez más tengo la sensación de vivir con la casa a cuestas, de disponer tan sólo de lo que puedo sujetar entre mis brazos, de no contar más que con aquellos que pueden acariciarme el cuello. El futuro es algo que debe estar por ahí pero que no siento ni tan siquiera cercano, el mañana sólo me interesa en función del menú de Elniño y el ayer, cada vez, se va difuminando más. Vivo en el presente, este hoy tan mágico, a veces, tan intocable, otras y tan desesperanzador, de cuando en cuando. Lo demás, todo lo demás, ni me roza.

¿Qué son cuarenta y cuatro? Pues muy bien, me acostumbraré a cantar la nueva cifra. Eso sí, por los aquellos, quedan todos invitados a un ron virtual, uno de esos con mucho hielo, su trocito de limón y su chin-chin particular.

25 may. 2012

Un año









Parece mentira pero es verdad: ha pasado un año. Enterito, con todos sus meses, sus semanas, sus días y sus segundos, un año completo. Y, aquí estamos, hemos sobrevivido al intento, lo hemos conseguido. Elniño llegó a nuestra casa hace un año y parece que aquí va a quedarse. Al menos, cuando se le pregunta, sonríe y dice que sí, que quiere quedarse aquí. Lo que no es poco decir, tal y como está la vida en estos momentos.


Decidimos celebrarlo, nosotros, que somos tan poco dados a eso de acordarnos de las fechas. Puesto que era un cumpleaños teníamos que cantar el cumpleañosfeliz, tonada predilecta de Elniño que está dispuesto a cantar siempre, haya o no cumpleaños que festejar. En esta ocasión fue todavía más difícil explicarle el motivo de la celebración, lo del cumpleaños familiar no terminó de entenderlo pero, pese a ello, no tuvo mayor problema en cantar chopocientas veces eso del cumpleañosfeliz en medio del restaurante en el que comimos (menos mal que nos conocen y ya están hechos a todo con nosotros).


Hace unas semanas, también, nos comimos nuestros miedos y acudimos a la residencia donde Elniño había pasado gran parte de su vida para que vieran cómo estaba de grande y para agradecerles, una vez más, el trabajo que habían hecho con él. La experiencia fue mucho mejor de lo que habíamos imaginado, el chiquitín reconoció su antiguo espacio, se fue de la mano de su educador sin mayor problema y se encaramó al mismo árbol al que le subían entonces. Acabó con la que él considera sumoto (así, todo seguido, sin pausa alguna, para que no exista posibilidad de error alguna) recorriendo todos los pasillos del lugar y bebiendo agua como los mayores, utilizando el grifo y un vaso de plástico que hubo que traerse a casa y guardar durante varios días bajo amenaza de berrinche monumental.


Doce meses ya, parece imposible. Por un lado, es como si llevara aquí desde siempre, por otro, uno tiene la extraña sensación de que hubiera llegado anteayer. Supongo que es lo mismo que le pasa a los padres biológicos con sus hijos: no entienden su vida sin ellos pero también sienten que es como si acabaran de nacer. Dualidades extrañas estas que ocurren con las criaturas y que son casi imposibles de explicar.





29 feb. 2012

Xergio busca héroes



Aterrizo por aquí en casi el tercer mes de este nuevo año, que inauguro, por tanto, sin haber despotricado sobre las navidades, los atracones y demás fanfarrias propias de diciembre (eso que os habéis ahorrado, ya veis).

Como últimamente estoy monotemática he decidido cambiar de tercio y contribuir con una miguita personal a algo que creo firmemente que merece la pena. Os voy a hablar de Sergio, un niño nacido en 2008 al que le han diagnosticado el Síndrome de Dravet y que, además, ha descubierto que posee superpoderes. Sí, es verdad de la buena porque las personas se juntan a su alrededor para ayudar y, cuando lo hacen, también se dan cuenta de que poseen superpoderes. Y, así, poquito a poco, el mundo es un lugar mejor para todos.
 
 
Sergio ya no se llama Sergio, se ha cambiado el nombre y sólo responde cuando escucha Xergio. Sus poderes mutantes están consiguiendo algo mágico: por todos sitios están apareciendo superhéroes que intentan ayudar cumpliendo misiones importantes.

Xergio busca héroes: es muy fácil convertirse en uno de ellos. La repercusión de este rincón es bien chiquita, pero, estoy convencida: algún héroe pasará por aquí y se enterará de que una misión le está esperando. Piénsalo bien, puede que ese héroe seas tú.



30 nov. 2011

Antes de que finalice el año ...






Sí, sí, sí, me acabo de dar cuenta de que, de seguir con este ritmo, se termina el año y yo ni me despido ....

Desde que Elniño llegó a nuestra vida se me esfuman las horas sin sentirlas. Hace unos días empecé con los primeros estornudos alérgicos ante la proximidad de la nefasta navidad y esta mañana me he dado cuenta de que si no aprovecho este parón entre entregas de actividad del posgrado y el siguiente curso a iniciar, no me volvéis a ver el pelo hasta el año que viene. Así que, aquí estoy, para poneros al día de mis cuitas como madre sin experiencia y parada de larga duración (manda ovarios, visto lo que aconteció el 20-N creo que no salgo de esta ni con empujón de la niña del Rajoy).

Aquellas que conviven con un bebé desde su nacimiento, al ir pasando de etapa a etapa, no entenderán la locura que supone para alguien como yo encontrarse con un bichín de dos años en pleno momento de autoafirmación. Elniño ha decidido que es mayor, y, en consecuencia, él tiene que hacer todo solo. Y por todo debe entenderse absolutamente todo. Como tal cosa no es posible (no llega todavía ni al metro, por favor), vivimos en un constante berrinche, con saltitos satánicos incluidos, que, para qué voy a mentir, tiene de lo más contentos a vecinos y resto de conciudadanos con los que tenemos el gusto de tropezarnos por la calle. Por si tal situación no fuera ya de por sí interesante, hay que añadir que Elniño ha decidido que quiere tener a su mamá a su entera disposición, las veinticuatro horas del día (entiéndase incluidas las nocturnas). Vamos y venimos de un yo, mayor a un mamaaaaaaaaaaaaaaaá, instante vital que me tiene al borde de la esquizofrenia.

Elniño ha tenido, también, su primera invitación de cumpleaños, y, como ya he aclarado que no llega al metro y seguro que está penado dejarle acudir sólo a una fiesta, he tenido que superar mi terror escénico a las celebraciones sociales y hacer eso que hacen todas las madres: sonreír sin parar y alabar los progresos de nuestros retoños. La cosa podía haber acabado muy mal (gato suelto por la casa, primera ocasión en la que Elniño se acerca a uno y, por supuesto, desconoce la existencia de las garras), pero, tuvimos suerte: los anfitriones eran una pareja estupenda y la homenajeada una bendición. Elniño todavía sigue acordándose del nombre del felino y ambos progenitores hemos hablado de repetir experiencia, supongo que eso quiere decir que nos hemos comportado adecuadamente y que no necesitamos acudir a ningún cursillo especial de padres.

La escuela infantil consigue, día a día, que agradezca en voz baja la posibilidad de tener unas horas de independencia vital, sin niño adosado al lado. Es toda una lotería acercarte a recogerle por la tarde sin tener la más mínima idea de qué humor tendrá cuando llegues. Hasta el momento, toco madera, está contento, lleno de mocos, con una tos de caballo e hiperactivo al máximo, he comprobado que los demás niños que no llegan al metro salen en iguales condiciones y, por tanto, he decidido no preocuparme en exceso por ello. El resto de la tarde toca apechugar, jugar, leer cuentos (cuando recuerde quién nos regaló el de cositas del mar juro que le mato), ver a Pocoyó y cualquier corto de Pixar que recuerde en ese momento (el de One Man Band o, como él dice, la moneda, empieza a cargarme también después de haberlo visto ya como un millón de veces), y, cómo no, pasar por el momento baño, situación maravillosa que suele dejarme empapada, sudando e hiperventilando al comprobar que, un día más, nos hemos librado de que se parta la cabeza mientras salta desenfrenado en la bañera.

Para no alargarme en exceso, resumiré diciendo que estoy viviendo lo mismo que les acontece a todos los padres que tienen un hijo de dos años, y, cada segundo de cada día, lo agradezco. Dado mi ateísmo confeso, no sé a quién ni el por qué, pero, lo agradezco (si es inteligente el ser, ente o comunidad a los que deba darles las gracias ya se darán por aludidos, digo yo). Cada noche me despierto con la sensación de que alguien se lo ha llevado (sí, todavía no he superado esa etapa, al ver que no está a mi lado me angustio porque creo que ha desaparecido, aunque, ahora, por lo menos, ya no despierto a mi plural a pleno grito y tampoco me levanto para comprobar que está en la habitación de al lado) y cada mañana me brillan los ojos cuando le veo en su cuna, esperando inaugurar un nuevo día.

Pues eso que, si no vuelvo a aparecer por aquí antes, os dejo a todos un saco de besos para que empecéis el año siendo enormemente malos ......



16 sept. 2011

De puntillas para no despertar a nadie



(...) Com t'ho podria dir
perquè em fos senzill, i et fos veritat (...)


Lluis Llach seguro que sabría, pero, qué le vamos a hacer, os vais a tener que conformar conmigo y mis hormiguitas negras.


Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que me paseé por aquí, mucho tiempo. Imagino que ya casi ninguno de los que teníais este rincón como lugar para repostar seguiréis atentos a mis cuitas, lo entiendo (a tí te dejo al margen, ya tú y yo sabemos). Pero, por si los acasos, por si alguien persiste, por si aparece alguien nuevo que cae en la tela de araña y decide quedarse a leer un poco, aquí dejo la explicación a tanto silencio.

En mi proyecto vital no aparecía escrito con mayúsculas eso de plantar un árbol ni, tampoco, aquello de escribir un libro, pero, lo de tener un hijo, por contra, aparecía en todas las páginas rotulado a sangre viva. Me puse a ello tarde (algún día deberíamos charlar sobre el tema de la maternidad y las complicaciones laborales y las necesidades vitales y el querer hacerlo todo y ... bueno, y esas cosillas), y, aunque probé todo lo probable e intenté todo lo que se podía intentar, la vida dijo no, y, basta. Mi plural y yo decidimos un día cualquiera de un año que ya no recuerdo que esa página no la íbamos a escribir y que tendríamos que conformarnos con el papel de tíos.

Superado el duelo y aceptado lo inevitable, una mañana cualquiera, cuando ya nos habíamos olvidado de cualquier posibilidad y vivíamos inmersos en nuestra pluralidad a secas, oímos hablar de algo a lo que no habíamos prestado atención nunca: el acogimiento familiar. Empezamos a indagar, nos informamos bien, nos planteamos todas las posibilidades (las reales y las imaginadas) y, una vez más, nos embarcamos en un viaje de futuro incierto, sabedores que el cansancio era mucho, la travesía amenazaba ser larga y el destino era un total desconocido. Mucho tiempo después, tras entrevistas, reuniones, cursos y mil papeleos, después de una llamada telefónica todo se disparó de repente y, apenas un par de semanas después llegó Elniño (te he plagiado la idea, siempre dije que era muy buena). Y, desde entonces, en nuestra vida plural sólo ha existido tiempo para él, han sido unas largas vacaciones en las que hemos aprendido a conocernos, a querernos, a respetarnos y a convivir.

Hoy Elniño está en la escuela infantil, inaugurando este nuevo curso que para él es tan distinto a los anteriores, mi plural está con las labores propias de su sexo y, ésta que teclea, incapaz de aguantar mucho más sin estar pendiente de esa sonrisa contagiosa, ha decidido dejar por aquí estas hormiguitas, para aquellos que estaban intrigados por tanta ausencia. Con mucho, estoy en mi mejor momento. Con mucho, mucho, estoy en mi época más feliz. Con sobremucho, aseguro que no paro de sonreír, incluso cuando estoy agotada, cuando no sé qué le pasa, cuando no quiere comer, cuando me dice mala porque le obligo a hacer algo que a él no le apetece en ese momento. Dicen quienes me conocen que me ha cambiado la cara, doy fe de que es cierto.

Sigo en paro, no tengo nada a la vista, el mundo se está rompiendo a trocitos, las personas me van defraudando por momentos, los cursos para parados son un asco, los posgrados a distancia deberían estar prohibidos por ley, la Sociedad Pública de Alquiler no deja de darme alegrías ......... Vamos, que todo lo que estaba sigue estando y lo sigo viviendo de la misma manera, pero .....

Pero tengo un bichejo en casa correteando, jugando, sonriendo, aprendiendo, y, eso, eso, lo cambia todo. Y, llegado a este punto tengo que decir que .... eso es todo lo que puedo contar. Cada día, a partir de hoy, se irá escribiendo por sí sólo.


(Si alguien se extraña de los indeterminados aclararé que son imprescindibles: Elniño se merece todo el anonimato. A lo largo de su corta vida ya ha sido visto, analizado, estudiado y modificado de medio demasiado. El tiempo que compartamos juntos -largo, seguro- gozará de eso que han disfrutado los demás: ser un niño normal  con derecho a su intimidad.) 

 


4 ene. 2011

Demanda en situación de suspensión




Se puede empezar un nuevo año de muchas maneras, y, yo, este que ha comenzado hace cinco días, he decidido ser original: he dejado de estar parada sin estar trabajando. Porque yo lo valgo. Y, supongo, porque no tengo abuela.

¿Qué es eso de seguir engrosando las listas del paro? ¿Para qué malgastar el tiempo de todas esas buenas personas que derrochan su jornada laboral, día a día, intentando ayudar a aquellos que forman parte de la plantilla de esa gran empresa conocida como Paro, S.A.? ¿Por qué contribuir a que zapatitos (y cualquiera que venga detrás) se lleve un  disgusto cada mañana cuando le informan de cómo se va desarrollando la cola esa de parados a la que le da por juntarse, jornada tras jornada, haga frío o calor, frente a las puertas de las oficinas del Inem?

Nada de nada, yo, a mi aire.

Me he buscado un curso de esos que financia el Inem, y, para molestar lo menos posible, además, lo he hecho yo solita, no se vayan a estresar esos señores que cobran un sueldo todos los meses teniendo que pensar un poco en mí. Tuve que bucear por Internet, enviar un montón de documentación, pasar por una entrevista en la que me llamaron mayor y me dijeron que no me podían buscar trabajo porque no cumplía el perfil, pero, tras agachar las orejas e insistir, me concedieron el bendito curso. Uno largo, doscientas cincuenta horas, de ocho a doce de la mañana, para hacerme la ilusión de que madrugo como si siguiera trabajando. El primer día me dieron unos cuantos folios y un bolígrafo, el manual no, eran más de tres mil folios y no hay dinero para tanto: cada uno se ha buscado la vida como ha podido. Una medida más para ayudarnos a derrochar nuestra imaginación y salir de esta situación tan poco amable en la que hemos caído, no hay más, por no saber agarrarnos con los dientes a la realidad actual, como hacen los demás.

Siguiendo con mi afán de colaboración, el día que me tocaba renovar la Darde, decidí hacerlo por Internet, para no molestar, una vez más, a esos benditos sujetos que tanto y tan bien nos ayudan. Y entonces, y sólo entonces, recibí la ansiada noticia: mi demanda está en situación de suspensión, es una demanda sin intermediación. ¡Lo conseguí! A todos los efectos, no cuento como parada. Los empleados del gran Inem a los que he pagado y pago con mis impuestos (el hecho de estar parado no te libra de tener que justificar las cuentas anuales con Hacienda) ya no se tienen que preocupar de mi, no van a realizar ninguna labor de intermediación conmigo hasta ..... Mayo (el curso termina el diez de Marzo pero ...¡qué más da!, les concedo dos meses largos de prórroga). En el supuesto caso de que apareciera un trabajo ideal para mi, no me informarán de ello, porque, claro, estoy haciendo un curso y ya he conseguido bastante. Si deseo un orientador laboral no puedo acceder a él, porque .... eso, ya he logrado mi objetivo: me estoy formando.

¿Habeis escuchado que el paro ha bajado en el último mes del año que acabamos de terminar? Pues, ya sabeis, dadnos las gracias: a mí y a todos los graciosos ciudadanos que, como yo, hemos optado por no engrosar esas cifras que impiden desayunar a las cabezas pensantes de este maravilloso país cada mañana matriculándonos en un curso. ¡Que nos estamos formando, oiga!

En fin .... ¡vivir para ver! Y ... lo que nos queda, si esto sigue así.