30 dic. 2009

¡Huele a año nuevo!


¿Qué no? ¿Es que carecéis de olfato? Los años nuevos huelen a cosa recién empezada, a inocencia, a todo es posible, a tal vez tenga remedio, a esta vez puede que sea, a novedad.


Os estaréis preguntando: ¿y a qué huele el año que se va? Tendréis que poner un poco de vuestra parte, el olor de cada año que finaliza depende del valor que haya tenido para cada uno en particular. Para algunos afortunados olerá a talco, a leche materna, a eructo infantil; para otros, a cambio existencial, boda, separación, viraje profesional, ciudad nueva o incluso país diferente; estarán los que sientan que no ha cambiado nada, trescientos sesenta y cinco días después; también habrá quien se sienta hundido y esté en una situación de la que no sepa como salir; podemos acordarnos de aquellos que viven tan pagados de sí mismos que no notan el paso de un año y otro porque la única diferencia es que, cada día que pasa, se ven mejor ....


En mi caso estoy ante una mezcla total de olores: se va un año malo, con olor a rancio (ciertas personas generan ese aroma nauseabundo a mi alrededor); a dolor (por lo que no pudo ser); a superación (por la aceptación de lo inevitable); a pérdida (sigo teniendo un baño pendiente y lo tendré cada vez que esté frente al mar); a sonrisas infantiles (las de mis dos sobris en progreso continuo); a ya no puedo más y aquí me bajo seguido de aquí me quedo como que me llamo Verónica; a descubrimientos varios (el de todos y cada uno de los nuevos que aparecéis por aquí siguiendo mi rastro y el hecho de que permanezcáis los antiguos que es algo que me llena de alegría); a los mimos constantes de mi plural a diario; a las lágrimas de mi niña chica seguidas de alguna que otra sonrisa intermitente; a hospital (porque ha seguido tocando) ...


Como decía, un año malo que deja paso a una total incógnita en el siguiente. Un cambio brusco, después de mucho tiempo sabiendo hacia dónde se iban a dirigir mis pies cada día laborable, dentro de apenas unos meses me quedaré mirando al horizonte sin saber qué va a ser de mi (probe). Un cambio de esos que asustan pero que llevaba mucho esperando, que será para bien, seguro, pese a que con el tiempo puede que me escuchéis llorar desconsolada por las esquinas de este rincón. A los cuarenta y dos y de mudanza profesional ....¡hay que joderse!


Éste que va a comenzar en un instante será el año, además, en el que pueda mantener una conversación de tú a tú con Mario, sin utilizar a su madre o hermana como intérpretes; en el que, tal vez, pueda escaparme unos días sin tener que deshacer las maletas antes de haberlas cerrado; en el que sean más los días que sonrío que aquellos en los que mantengo un rictus en los labios; en el que vuelva a verme estupenda y no esté haciéndome a este cuerpo extraño que ha ocupado mi anterior fisonomía; en el que, sobre todo y ante todo, sonría, sonría, sonría ....


¡Merece la pena celebrarlo! Y, como con todo lo que está cayendo estos días, no creo que pase nada porque me pegue un bañito: va por ustedes, compañeros. ¡Qué tengamos mucha suerte! (o, como decía alguien de quien nunca me olvido: que tinguem sort, que trobem tot el que ens a mancar ahir).


22 dic. 2009

Si yo tuviera una pócima ...



... cuántas cosas lograría.


O no, nunca se sabe. Pero, por jugar, que no quede. Lo primero que tendría que conseguir sería un gorro de bruja: asunto resuelto. Mi sobri tiene uno genial que seguro que me presta un ratito. Lo segundo, un traje especial de bruja. Creo que en mi armario debe existir aún alguna que otra prenda de cuando era joven y rebelde que me puede servir para salir del apuro. Veamos, qué más, qué mas .... Ya sé: muchos frasquitos de esos de botica antigua. ¿Dónde consigo yo esto? Ya sé, la Mundi seguro que me localiza unos cuantos. Sigamos con la lista .... Animalejos, necesito un montón de bichitos de esos: arañas, murciélagos, sapos .... Me acerco al primer parque repleto de niños, busco al que tenga la cara de más malo del barrio y llego a un acuerdo con él.


Bueno, más o menos, la lista está completa. En cuanto al escenario ..... ays .....¡No se me ocurre nada! Esperad, esperad ... creo que ya lo tengo: el trastero de mi oficina. Sí, es ideal de la muerte. Con sus telarañas y todo. ¡Esto marcha!


Ahora sólo queda que me encierre con toda la cacharrería, que mezcle unos cuantos ingredientes, que pronuncie la frase mágica (ni locos penséis que os la voy a revelar: para que sea mágica tiene que ser también secreta), que añada unos cuantos polvitos especiales de esos que se encuentran en cualquier tienda y ..... tachín, tachín, tachín .... ¡Pócima creada!


Yo que ustedes me iría preparando. Si dentro de unos segundos empiezan a sentir ciertos picores; notan que tienen más brazos o piernas de los habituales; sienten el impulso irrefrenable de hacerle cosquillas al compañero; no pueden contener la risa ante la enésima bronca del jefe; han decidido gastar todo su dinero en una fiesta opípara para los colegas .... Es mi famosa y exclusiva pócima que ha empezado a surtir efecto.


¿Antídoto? ¡Pobrecillos! Con los años que llevo ensayando de bruja para lograr mi primera pócima, no esperarán que tenga preparado ya un antídoto ......



(Una forma como otra cualquiera de celebrar
que seguimos siendo pobres pero disfrutamos de mucha salud ....)


18 dic. 2009

Pongamos que ....




Pongamos que pudiera lograrse, que fuera posible. Desterrar estas fechas del calendario, eliminar esas fiestas inicialmente religiosas que se han ido transformando en una locura de consumo y estupidez humana en las que hay que reunirse porque es lo que manda la tradición, le pese a quien le pese. Pongamos que derretimos la famosa noche buena y cada uno se queda en su casa, al abrigo de la manta, compartiendo su habitual nocturnidad con quien suela tener a diario a su vera. Pongamos que el día veinticinco cada uno se levanta y se dirige a su trabajo, como hace cada mañana, y se enfrenta al borreguil día laboral con la misma sonrisa o el mismo rictus con el que despliega su humanidad el resto de los trescientos sesenta y cinco días del año. ¿Estallaría el mundo? ¿Se rompería algo? ¿La tierra se caería y dejaría de cobijarnos?

Pongamos que todas las personas creyentes que, durante esos concretos días del año, sienten que tienen algo que celebrar, se reunen y dedican su celebración a ser solidarios, y, en lugar de la pitanza de la noche, ellos, que realizan sus comidas diarias, ofrecen su personal bacanal a aquellos que realmente no tienen nada. Pongamos que, con los excesos de esos dos días, se alimenta a esa parte de la humanidad que no tiene nada que llevarse a la boca. Pongamos que, por una vez, todos fuéramos realmente solidarios y entendiéramos nuestra fe como algo que hay que compartir con el que menos posee.

Pongamos que esas reuniones familiares que acaban destrozando los estómagos y recubriéndonos de michelines se realizaran cualquier otro día, porque sí, porque te apetece reunirte y sentirte cerca de la gente que quieres. Un sábado, un martes o un viernes insignificante en el que no haya que acudir a los grandes almacenes y salir cargados de paquetes. Frente a una tortilla de patata, unas cervezas bien frías, un poco de embutido o ese estofado que a la abuela le sale riquísimo. Pongamos que esos familiares a los que nunca vemos, salvo en esta fecha, un día perdido de mayo te llaman para invitarte a comer, sin mas, sólo porque les apetece, porque quieren ver tu sonrisa, porque añoran sentir el contacto de tu piel.


Pongamos que esa infinidad de personas que viven solas, absolutamente solas, no sienten incrementada su soledad ante las imágenes incesantes de esos días en las que el resto de los seres humanos parecen tener siempre quien les quiera y abrace. Pongamos que se sienten un poco menos solos al saber que se trata de un día como el de ayer, que sus vecinos hacen lo mismo que ellos, limitarse a vivir, a apurar el día a día, o, en la mayoría de los casos, tan solo a sobrevivir.

Pongamos, pongamos ..... por poner, que no quede.


13 dic. 2009

Journey




¿Qué significa exactamente ser comprada, vendida, explotada? Teóricamente es fácil de entender, pero físicamente no tanto.

La instalación Journey lo intenta, al menos..

Intenta que te metas en la piel de esas miles de mujeres a las que han convertido en esclavas sexuales. Intenta que sientas su dolor, su pérdida de orientación, su vacío existencial, su miedo, su dolor ... que huelas lo que ellas han olido, que te veas como ellas se han visto, que te sientas como ellas se han sentido.

Y, he dicho bien, intenta, porque, es imposible. Por mucho que uno cierre los ojos en esa habitación hostil y le lleguen los olores nauseabundos de la barbarie; por mucho que uno se meta en un círculo negro; por mucho que uno escuche el relato con las propias palabras de su protagonista .... ni por asomo se va a sentir como ellas. Jamás, alguien que no ha pasado por ahí va a sentir la suciedad que a ellas las impregna, pero ... es un intento, al menos.
Si vivís o pasáis por Madrid en estos días (se clausurará el día 15), no dejéis de daros una vuelta por esos vagones especiales. A veces es necesario envolverse en otra piel para llegar a acercarse a otras realidades. Ajenas a las nuestras, increíbles, impensables, pero ... reales..

Por cierto: ¿Alguien podría explicarme cómo es posible que un hombre mantenga relaciones sexuales en una habitación semejante? ¿Cómo se le puede levantar? ¿Cómo es posible? ¿Cómo?

11 dic. 2009

...




Algún día creceré de verdad, maduraré y ... ¡seré la hostia!


Las cosas no importantes dejarán de afectarme, me tomaré a guasa cada gilipollez vital, me la sudará lo que diga el tonto de turno y seré capaz de reírme de lo que en el presente me pone de los nervios.

Algún día me brotará una sonrisa en lugar de un acceso de ira; tanguearé con gracia en lugar de embestir de frente; lidiaré a los miuras como si de mininos se tratará; me reiré de mi sombra y pareceré tan políticamente correcta siendo irreverente que la piel se me desnudará de gozo.

Algún día diré eso de ahí te quedas, pero, con guasa, sin que la vida se me vaya en ello; me descalzaré estos zapatos antiguos que aprietan y adquiriré unos mocasines suaves que me permitan deslizarme sin ruido y sin dejar huella; desconectaré de todo lo que no es importante, que es tan poco, y … seré Verónica a secas.


Sin apellidos, sin pasado, sin prestaciones antiguas y sin promesas debidas. Algún día … lo único que espero es que, cuando llegue ese momento, no pierda todo lo bueno que me define, que me hace ser quien soy y que, pese a todo, hace que me reconozca en cada latido.



7 dic. 2009

¿Alguien me presta a su genio?




De poder, durante las próximas semanas elegiría un lugar así para esconderme. Bien encerradita, sin que nadie pudiera atacarme. Sin sonidos de zambombas, panderetas o coros de niños aporreando mi puerta. Sin guirnaldas de purpurina que me rozaran la nariz. Sin los consabidos dulces navideños con su pringue de irrealidad chorreando por los dedos. Sin mensajes de texto repetidos hasta el infinito. Sin sonrisas forzadas estirándose por los rostros hasta forzar máscaras. Sin ...


Si pudiera, agarraría a mis sobris y me iría muy lejos, al país de nunca jamás. Nos contaríamos cuentos, nos inventaríamos canciones, nos pondríamos malos comiendo chocolate y sonreiríamos sin parar hasta quedarnos rendidos y con agujetas en los costados. Después nos acurrucaríamos para dormirnos muy juntos y evitar que los ogros malos nos despertaran de nuestro sueño.


Necesito que alguien me presente a un genio bueno, con una lamparita mágica que consiga que me teletransporte por unas semanas .... Tan sólo por unas semanas, de verdad de la buena que sí.


2 dic. 2009

La lluvia y sus cosas




Mi ciudad, cuando llueve, se desparrama, se vuelve loca, se pierde. Es lo que tiene no estar acostumbrada, imagino. Por eso, ante una época lluviosa, los que la habitamos sabemos que nada bueno puede suceder e intentamos afrontarlo sin desquiciarnos en exceso. Y, he dicho bien, intentamos, porque, a veces, el esfuerzo se queda en eso, en un mero intento.




Asomada a la ventana he suspirado con desaliento: está lloviendo. Bien, era necesario, la capa contaminante que nos cernía el cogote se estaba haciendo más insoportable aún que los socavones con los que nuestro querido señor alcalde quiere que juguemos al escondite, así que ... asumido, tenía que llover y está lloviendo. Cambio en la indumentaria prevista: pantalón, botas, chubasquero, paraguas ... ¡Todos listos para salir! Ahora sólo falta añadir el libro, la bolsa con la tartera, el dominical que no he terminado aún de leer ... La cosa se va complicando, pero, todo controlado, sigo tranquila.




Aterrizo en el metro, empapada (mi ciudad tiene eso también, cuando llueve lo hace en todas las direcciones posibles, para que te entretengas un poco y llegues bien mojada a donde quiera que vayas). Cambio de utensilios de una mano a otra mientras intento encontrar el dichoso billete y empiezo a escuchar esa megafonía tan especial que sólo los usuarios habituales del transporte público sabemos reconocer en lo que vale: Por problemas técnicos, la línea tal no funciona correctamente entre la estación tal y la estación pascual, existiendo una demora estimada en más de diez minutos ..... perdonen las molestias. Sigo tranquila: los problemas están en la otra dirección. Llego al andén .... ¡qué raro! Aquí hay mucha gente, hay mucha más gente de la mucha que hay normalmente ..... Panel electrónico: Por problemas técnicos, la línea está cortada entre la estación tal y la estación pascual durante un tiempo estimado en más de treinta minutos ... perdonen las molestias. Esto ... ahora sí tengo problemas. Antes de esa estación no puedo hacer ningún transbordo .... Ejem, ejem, ejem, la mañana se complica. Tranquilidad, ante todo, tranquilidad. Total ... es una estación, me bajo, me entero de dónde estoy, pregunto y ... camino hasta la siguiente. Sigue estando todo controlado.




Unos veinte minutos más tarde aparece el tren. Ya no sabemos si la línea está bien, si está interrumpida, si vamos a llegar a algún lado, pero ... poco importa. En el andén somos tantos y nos damos tanto calor humano que estamos hasta contentos. No he tenido que decidir si subía hacia lo desconocido o me mantenía en mi lugar de origen: literalmente, he sido engullida. Unos tres cuartos de hora más tarde, sin tener ni idea de por dónde viajaba, la masa humana de la que formaba parte me ha devuelto a otro andén, en el que he tenido que demorarme varios minutos para respirar, recolocarme todos los huesos, comprobar que llevaba todas mis posesiones y no me había quedado con nada que no me perteneciera, y, lo más divertido, averiguar en qué estación de ese mundo subterráneo en el que me muevo a diario estaba.






Cuando finalmente he conseguido llegar a mi puesto de trabajo tenía una pila de recaditos para devolver llamadas; hacía un frío del carajo porque mi distinguido compañero tenía abiertas todas las ventanas, por eso de la ventilación, tan necesaria; el fax había debido estar vomitando durante toda la noche, a tenor de la cantidad de papel que había sobre mi mesa ..... Y, lo mejor de todo, cuando estaba empezando a centrarme, recibo una llamada estupenda de una empresa de trabajo temporal en la que un caballero muy atento me expresa que desea concertar una reunión conmigo para informarme de las contrataciones que podemos hacer utilizando sus ofertas ...... ¡Por todos los diablos! ¡Qué nos quedamos en la calle en unos meses, joder, recochineo ya tengo bastante a diario, vamos, digo yo!




Y, lo mejor, lo mejor de todo es que .... el día no ha llegado ni a la mitad. ¡Ays, menos mal que tengo paciencia!








18 nov. 2009

Imaginando nada




¿Será así? Es difícil imaginarse en el mañana, en el más cercano y, aún más, en el hipotético futuro. Hace veinte años lo tenía tan claro que, al recordarlo hoy, me sonrojo. Aquella imagen bucólica de una misma anclada en un bello paraje, rodeada de nietos, con un libro abierto sobre el regazo y una sonrisa perenne colgada de la boca ... ¡Cómo somos los jóvenes cuando somos jóvenes!


En el hoy es todo mucho más difuso. Los nietos han desaparecido del escenario, el bello paraje está escondido en la niebla, la sonrisa ha quedado en rictus .... aunque, eso sí, el libro permanece en la estampa como antes. Con los años a uno se le empieza a hacer difícil ya no sólo imaginarse en el futuro si no incluso verse en el día después. O, al menos, a mí, me pasa. Mejor dicho, empieza a pasarme, será por esta etapa nueva en la que estoy a punto de embarcarme. Los temores grandes y los miedos chiquitos vienen a buscarte, intentan acorralarte, doblegarte, vencerte. Te pasas el día pensando eso tan inútil de: ¿Y si? ¿y si? ¿y .... si? Para, inmediatamente, contestarte: No, claro que no, eso no va a pasar, está claro que no va a pasar. Respuesta tonta porque, a los cinco minutos, esa vocecilla loca vuelve a empezar: Ya, claro que no va a ser así, pero ... ¿y si?


En el intermedio, mientras todo eso ocurre o no, voy a intentar imaginarme haciendo lo que más me gusta, eso que estoy haciendo ahora mismo: escribir. Vomitar. Soltar. Expresar. Compartir. Vocear. Gritar. Llorar. Sonreír. Jugar ......


12 nov. 2009

Señores: Soy hereje




Llevaba años esperando la confirmación, y, ayer, mientras alucinaba, como de costumbre, con el informativo nocturno, el hecho se produjo: soy una hereje. Estoy en pecado mortal público, no puedo ser admitida a la sagrada comunión y, por tanto, estoy excomulgada.


Así de claro y contundente, oigan. Al menos, así lo ha expresado el portavoz de los obispos, el jesuita Juan Antonio Martínez Camino, en un intento más por meternos el miedo en el cuerpo. Y, no, no se equivocan, no soy parlamentaria y no puedo emitir voto alguno en el proyecto de Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo, pero, como al parecer, la amenaza vale para todo aquel que contribuya a que se apruebe dicha ley, insisto: soy hereje, ya que estoy a favor de la misma y, además, con mi voto posibilité que el gobierno actual pudiera llegar a plantearla.


Se me plantea sólo una duda: se supone que tal manifiesto verbal se refiere únicamente a aquellos que son católicos, y, claro, yo no me considero tal, así que, tal vez, no esté dentro del grupo afectado. Hilando fino, sin embargo, me he dado cuenta de algo: no soy católica practicante, pero, para la iglesia, si que estoy en sus filas, puesto que estoy bautizada y comulgada, ergo, insisto, una vez más: estoy excomulgada.


Ahora sólo hace falta que me digan dónde carajo tengo que presentarme para recoger el papelito de marras que va a confirmar, de una vez, que me han borrado de sus listas, esas que utilizan para armar la voz en defensa de esa mayoría que, según ellos, conforma este estado aconfesional en el que habito. Si alguien se entera de dónde tengo que acudir, por favor, que me avise.

3 nov. 2009

Uno de esos días ...





Si, uno de esos días, tontos, pesados, largos .... de esos que no se acaban nunca y en el que te haces a la idea de que nada bueno va a acontecer. Uno de esos en los que a media mañana te dices lo de debería haberme quedado en la cama; te dan ganas de mandar unas cuantas veces a varios a la mierda y tienes que refrenarte para no darles la razón a aquellos que piensan que de políticamente correcta no tienes ni el nombre.

Uno de esos, simplemente. Que hay que soportar pero que se acaban olvidando con una buena ducha y una aún mejor compañía (de la que hoy carezco, además). Uno debería poder evaporarse, en días así. Desaparecer, sin más, y no ser visible hasta veinticuatro horas después. En un mundo ideal, uno podría conseguirlo. No en éste que habitamos, claro. Aquí hay que apencar con las rarezas vitales, las propias y las ajenas. Y con la mala suerte, con esa que lleva siempre a que la tostada caiga del lado de la mermelada, con esa.

Si, además, a última hora de la tarde, aquella que ya no es ella te lanza uno de sus comentarios involuntarios cargados de no sé qué, la cosa se complica. Como me he hecho mayor, respiro mil veces, sonrío y ... contesto desde ese lugar que duele, pero, no lo parece. ¿Ironía? No, creo que he llegado al cinismo. Mala cosa, de veras. En mi caso, vale más que me enfade, que explote, que deje salir la polvareda ... Si me la dejo dentro, tarde o temprano, se transforma en bilis y es capaz de enlodar al más próximo y menos culpable (pensándolo mejor, menos mal que hoy carezco de compañía).

Voy a descalzarme, darme una larga ducha y olvidarme de todo .... hasta mañana. Que no es que pinte mejor, pero, por lo menos, estaremos ya hablando de eso, de mañana.





30 oct. 2009

Soledades




Está allí sentada, entre el bullicio. Una más. No hay nada especial que llame la atención en su actitud, ni demasiado alta, ni extremadamente delgada, su vestimenta es tan normal que se camufla a la perfección entre la de aquellos que la rodean. Mira sin ver, como los demás, y ocupa un espacio tan diminuto que el resto no debe esforzarse para no rozarla al pasar.


Si a cualquiera de las personas que han circulado a su lado le preguntaran, unas horas después, si podían reconocerla, tendrían que ofrecer, por fuerza, una respuesta negativa. Nadie sería capaz de ofrecer dato alguno sobre ella, por mucha que fuera la insistencia al preguntar.


Todo eso pensaba mientras se mantenía allí sentada. ¿Tan chiquita soy? ¿Tan sin sustancia? ¿Tan poco especial? ¿Tan ..... nada?. Llevaba años con el mismo monólogo interno. Día si y día también, sin poder evitarlo, ocupaba las horas con ese razonamiento absurdo. Y, sin percatarse, poco a poco se iba desdibujando de verdad, su cuerpo se hacía cada vez más pequeño y su luz, ese brillo especial que todos poseemos, se iba perdiendo ....


Unos metros más allá, sentado sin ser visto, estaba él. Anodino, gris, absorto. Sin nada que llamara la atención, tan común como el resto de aquellos entre los que se encontraba. Su mirada parecía extraviada, y, sin embargo, se centraba en un solo punto. En una sola presencia. En un solo ser. En ella, a la que observaba detenidamente, sin perderse un detalle. Seguía su rastro desde que un día tropezaron por casualidad y se dió cuenta de que ella ni había sentido el roce. Cada día la esperaba en el mismo lugar, a la misma hora, con la angustia mordiéndole la garganta al pensar que, tal vez hoy, no aparecería. Y, ese día, como el anterior, y el anterior, y, el otro, volvió a decirse la misma frase: Si yo no fuera tan gris, si fuera mas alto, mas moreno, mas interesante ..... Si me atreviera, si me acercara hasta ella ....


22 oct. 2009

Tarde de sonrisas


¡Y qué necesaria resulta una así, de cuando en cuando! El cielo lleva bramando días, el frío empieza a notarse, la cotidianidad laboral cada vez se hace más pesada y .... cuando menos lo esperas, ahí está, una tarde divertida.

Un par de horas rodeada de palabras a medias, balbuceos extraños, dientes apuntando al horizonte, chocolate, olor a mermelada recién hecha, fútbol con una pelota de aluminio, zapatillas rosas, merienda inagotable, besos con babas, relatos del abuelo cebolleta y lágrimas de cocodrilo. Una de esas. Que surgen cuando nadie se lo espera, que no están planificadas, que te dejan la piel como nueva. Que te llevan a olvidarte de todo, durante un instante.

Tranquiliza ver tu mirada, serena. Observar tus ojos mientras se derraman por ese pedazo de tí en constante crecimiento. Escuchar tus bromas. Alabar el baile imposible de una peonza. Jugar con ese reflejo de aquella que fuiste, vislumbrado por vez primera después de tantos años. Verte sin tener que bajar la mirada. Verte, sentirte, olerte ....

Sí, no cabe duda. Ha sido una buena tarde. ¿Repetimos?

17 oct. 2009

¡Que se nos va Octubre!




De a poquitos, sin que nos demos cuenta. Un día deja paso al siguiente, y, cuando menos lo pensemos, estaremos rodeados de música navideña, lucecitas y demás parafernalia diabólica de esa que toca por Diciembre (o, mejor dicho, por Noviembre, que cada año lo adelantan más).

Me quedan guardados a buen recaudo un par de días de asueto que pretendo utilizar lo mejor posible para escaparme de la rutina diaria en cuanto la bombona que llevo dentro se muestre dispuesta a estallar de nuevo. Y, bien mirado, no es para menos. Hoy tendré que esconderme en casa, apagar el televisor y desconectar la radio para no escuchar a esos miles de cientos de personas que, según la santa iglesia esa de los demonios y unos cuantos políticos más, van a reunirse para intentar, con su gritos, salvar a no sé cuantos trillones de futuros niños a los que sus maléficos padres asesinos no van a permitir llegar a la vida. Parece que éste nuestro santo gobierno ha conseguido los apoyos suficientes para aprobar los infames presupuestos del año próximo, esos que, supuestamente, iban a cargar contra las clases más altas y adineradas, como se han empeñado en explicar una y mil veces sin convencer a nadie. Luego está el famoso caso Gürtel, con el bigotes, los peperos peleones y esos ciudadanos valencianos a los que nadie escucha decir nada al respecto. Y, por si fuera poco, también aparece el papa ese que suele ir vestido de blanco en escena ....

No, la cosa no pinta bien para mantener controlada esa bombona en casi permanente ebullición que llevo en mi interior. Tal vez tenga que escaparme y darme un garbeo por ahí antes de que se me pegue la ruindad que nos rodea. Menos mal que tengo esos dos días ........


7 oct. 2009

Amigos


Le dolían los pies después de la larga caminata y sentía los músculos rígidos, a punto de resquebrajarse. Había comenzado a andar sólo para alejarse, sin ningún sitio al que llegar y sin nadie que la estuviera esperando. Un paso tras otro durante horas, sin importar el recorrido.


En algún momento, no recordaba cuándo, había sentido hambre y se había detenido en el primer lugar con el que tropezó en su camino. Tenía la sensación extraña de flotar entre la gente con la que se cruzaba. Hacía horas que se había olvidado del motivo que la llevo a iniciar esa marcha.


Alejarse, olvidarse de él. Tan sólo eso. Como si caminando pudiera dejarle atrás. A él y a esa ella en la que se había transformado. A esos recuerdos que le quemaban la garganta. A cada una de esas ocasiones en las que tenía que haber dicho no, sin dudarlo. A todas las miradas despectivas que soportó de sus ojos. A cada palabra injusta que intercalaba en sus frases. A todas y cada una de sus mentiras. A su forma de acercase a ella ....


Se sentó y por fin se dió cuenta del lugar en el que se hallaba. Frente a ella, mil y una palabras formando párrafos que se agarraban unos a otros hasta convertirse en libros. Sonrió .... era inevitable y decidió descansar un rato más antes de decidir que amigo se llevaría a casa.




2 oct. 2009

Regreso



Mi ciudad ha decidido recibirme con un sol radiante, por aquello de facilitarme la vuelta a la cotidianidad, espero. De lo contrario, tendría que pensar que el tiempo se alía en mi contra cuando estoy de vacaciones y eso supondría demostrar un egocentrismo exagerado por mi parte.

Lo de escaparse y tirar la llave, aunque sólo sea durante cinco días, es saludable. Las telarañas que nos acompañan a diario cambian de esquina, el aire que albergan los pulmones cobra un aroma distinto, la piel se libra de esas escamas que la contaminación urbana deposita y ... todo se observa desde otro ángulo. A la vuelta, todo está tal y como lo dejamos, pero .... la mirada no es la misma.

Un tiempo muerto, uno chiquito, uno de esos robados que son los que mejor saben. Los últimos rasguños precisaban unos días tranquilos, de esos con siesta incluida y mucho mar alrededor. Un alejarse para observarse desde afuera, pestañear con serenidad las incomprensiones vitales y tomar fuerzas para no derretirse ante las heladas tan próximas.

Esto ... que eso, que ya estoy de nuevo por aquí. Con menos tiempo de lo que quisiera hasta que me ponga al día en la cuestión laboral, pero .... por aquí.

17 sept. 2009

Un instante de luz



Se está muriendo el verano y yo ando por aquí, quemando días. Más mosqueada de lo que esperaba, puede que menos tranquila. Cuando la cotidianidad no depende de uno es fácil enfadarse con las circunstancias. La vida debería ser como un juego de dados en el que la suerte sólo dependiera de la tirada que hagas. Uno sólo ante el destino, sin nadie más metiendo baza en el envite.

Mi ciudad lleva un día llorando y nunca he sido buena compañera de la lluvia. Me deprime, me angustia, me provoca añoranza. En mi vida anterior, en días semejantes, me parapetaba con unos buenos zapatos y salía a la calle a destrozar charcos en las avenidas vacías. Después regresaba empapada y me sumergía en una bañera humeante hasta que sentía que con el agua se había ido todo lo malo, lo gris, lo feo de este mundo.

Curioso este ritmo nuestro que nos impide, a veces, hacer lo que deseamos. Tirar tabiques, aporrear puertas, desatar huracanes. Indefinible esta manía de malgastar el tiempo con sensaciones extrañas. Pasan los años y uno se descubre como ayer, pese a las canas, las arrugas y las migrañas.

Puede que un día aprenda a mantener la luz encendida, ante cualquier circunstancia, pese a todas las eventualidades posibles. Sí, tal vez, un día, uno cualquiera, lo consiga.


10 sept. 2009

¿Y por qué no hoy?



Aquel día de finales de un agosto cualquiera en el que me quedé colgada de un par de frases sin sentido no podía imaginarme que, en ese futuro irreal que hoy es presente, estaría prendida de su sonrisa a diario.

Dos billetes con pasaje de vuelta con los que llevamos viajando ya seis años sin movernos apenas de esta ciudad en la que habitamos. La inconformista con cabeza amueblada se descubrió con menos muebles en la azotea de lo que parecía, demostró ser algo más débil de lo que prometía y evidenció que cargaba, tal vez, con una maleta que contenía excesivas miserias, pero .... aún así, aquí seguimos, descubriéndonos esquinas nuevas cada día.

Convivir no es fácil. Despertar y acunarse cada noche a la vera de otra persona precisa deseos de entrega, aceptación de las miserias propias por encima de las ajenas, no ambicionar ser siempre el protagonista en cada capítulo de la historia. El ego individual al servicio del colectivo, acompasar el paso al de aquel que puede que vaya más rápido, o más lento, o más revirado. Contemplarse en otra mirada y descubrirse no tan alto, ni tan bello ni puede que tan chispeante como uno se creía.

Duplicarse es .... inexplicable. Una de esas experiencias que uno tiene que vivir en carne propia para poder entenderla. Ser dos en uno, gozar de cuatro manos, el palpitar de dos corazones, un cuarteto de visiones cada día. Dejar una parte de ti paladeando sueños mientras la otra se sumerge en la vorágine diaria. Dormirte la comida mientras tu otra mitad anda buscando unicornios con los que embellecer la vida. Regresar a casa con la certidumbre de que tu rincón en el mundo se encuentra a salvo.

No tenemos días especiales, aspas en el calendario, fechas marcadas en rojo en nuestra agenda vital. Cualquier instante vale para celebrar lo cotidiano, el gesto fácil del vivir. Hoy mismo es tan válido como mañana, y, eso, precisamente, es lo que me lleva a vomitar estas palabras que podría haber tecleado ayer, sintiendo las mismas cosquillas en la punta de los dedos.



(Ahorita mismo, sería capaz de desmontar el mundo y confeccionarme una escalera para llegar hasta tu sonrisa, aunque, sinceramente, me alegro infinito de saber que no necesito hacerlo.)


4 sept. 2009

Quemando días




Cinco madrugones más y estaré de vacaciones (el maleficio se ha roto en pedazos y puedo vocearlo sin problemas). Diez viajes más tortuosos en metro y quince días sin adentrarme en sus túneles negros. Sin apretujones, sin agobios, sin sudores extraños compitiendo por empaparme la piel. Cinco jornadas laborales con toses y diez completas sin tener que escuchar el teléfono repiqueteando.

Dejarán de borrarme el nombre, de perturbar mi silencio, de mostrarme lo ridícula que es la vida para algunos. Se desdibujarán mis ojeras y empezaré las mañanas cuando la claridad impregne mi cuerpo. Desayunaré tranquila sin pensar en salir corriendo con el café aún humeando en mi garganta. Pasearé sin prisas porque nadie me esperará a una hora concreta. En ningún sitio, en ningún lugar. Me dejaré mecer por las sonrisas sin importarme el tiempo que me quede colgada de ellas. Buscaré voces cuya melodía me inspire palabras nuevas. Leeré el periódico sin atragantarme con cada noticia. Notaré como pasan las horas sin amargarme porque se conviertan en días.

Cinco .... sólo cinco más.

2 sept. 2009

Volando



Sentada en la orilla contemplaba las olas que se mecían a sus pies. Respiraba ese aroma inconfundible a sal, a brea, a vida, dejando que la impregnara por completo. De cuando en cuando, cerraba los ojos y se dejaba llevar por el antiguo ritmo de la marea.

Mientras estuviera allí, lo demás no existía. Las prisas, los agobios, las necesidades ajenas, las prioridades, los atascos inmundos de la ciudad. Nada de eso llegaba hasta su pequeño rincón de arena.

Con cada aspiración marina volvía a ser, de nuevo, aquella niña prendida a una coleta que, en blanco y negro, se balanceaba en un columpio urbano. Mas alto, siempre quería llegar mas alto. Sentir como el suelo desaparecía bajo sus pies, volar, alejarse de todo. Colgando del aire no había peligros, monstruos, palabras dolorosas. Observando el horizonte era libre, especial, única.

Sintió una leve caricia en la nuca. Una suave, de esas que te recorren completa sin apenas rozarte. Inclinó ligeramente la espalda y se dejó abrazar .... mientras seguía absorbiendo mar.



28 ago. 2009

En susurros



Un día cualquiera notamos como el sol esta jugando con nuestra piel justo en esa zona que llevaba tanto tiempo en la más absoluta oscuridad. No lo entendemos, nada ha variado en ese instante concreto, pero el calor que sentimos no ofrece ninguna duda: esa puerta de nuestra vida que creíamos cerrada para siempre, de pronto, se ha abierto.

De a poquitos vamos recuperando las antiguas sensaciones, esas que creíamos perdidas, la ternura, la ironía, el juego compartido, las lecturas a medias, las críticas cinéfilas, las amarguras laborales, las enfermedades mutuas, las horas robadas al sueño, los días especiales en los que sonaba el teléfono y esa voz titubeante te acunaba durante horas ....

Y uno no acaba de comprender cómo se pudo cerrar aquella puerta, aquel día olvidado de su pasado. Sin motivos, sin por qués, sin explicación alguna. El discurrir diario fue marcando su ritmo y un día, sin más, ya se había cerrado. Sin ruido, sin portazo alguno, casi como sin querer.

Desconoces también cómo ha podido abrirse de nuevo. Qué te llevó a enviar ese mensaje cifrado en una botella como si fueras un naufrago perdido en una isla desierta. Lo enviaste sin meditar, por pura intuición. Ese gesto bastó para que el candado, pese a su herrumbre acumulada, se deslizara hasta el suelo y la puerta, nuevamente, se abriera.

O, tal vez, piensas ahora con calma, la puerta nunca se cerró del todo ..... quizás sólo se entornó, a la espera de que un susurro especial volviera a balancear sus goznes.


(Seguiré susurrando, muy bajito, con tomate incluido, para que no vuelva a cerrarse)





25 ago. 2009

Horizonte




Todo es cuestión de tiempo. Lo escuchamos desde pequeños pero es preciso crecer para comprenderlo. No hay nada que se consiga a la de ya, nada que nos satisfaga inmediatamente, nada que aprendamos a valorar sin contar con el tiempo.

Cuando la vida aprieta, y mira que le gusta hacerlo, no queda otra que apretar los puños y dejar que pasen los minutos, de a poquitos.

Con la llegada de las arrugas y las canas una debe reconocer que, al menos, ha aprendido eso: a jugar con el tiempo.



Hace un año viví un momento de esos de apretar los puños .... El tiempo lo pone casi todo en su lugar, casi todo ....

21 ago. 2009

Inocencia


Hacía tanto frío que, cada vez que hablaba, una nube de vaho se desprendía de su boca. Las manos se le habían quedado heladas incluso con esos guantes nuevos que los magos de oriente le habían dejado bajo el árbol. Lo único que quería en aquel momento era llegar cuanto antes al colegio y poder entrar en su clase en donde estaría calentito. Aun así, volvió a pararse en el mismo sitio de siempre, no podía evitarlo. El hombre tenía que estar pasando mucho frío, mucho más frío que él. No tenía guantes, ni bufanda, ni siquiera un buen abrigo. Sus padres se lo habían explicado una y otra vez pero él seguía sin entenderlo. ¿Por qué estaba allí, tirado en el suelo? ¿Por qué nadie le ayudaba? ¿Tan malo era que no había nadie que le dejara entrar en su casa?

Camino de vuelta, se detuvo nuevamente ante él. A aquellas horas ya estaba despierto, sentado sobre los cartones, mirando sin ver a nadie, ni siquiera a él, que le observaba fijamente intentando comprender. A punto estuvo de quitarse sus guantes y ofrecérselos, pero, una vez más se dio cuenta de que eran demasiado pequeños para él. Su madre retrocedió hasta su altura y, como cada día, se dejó arrastrar por ella hacia su casa.

Con la merienda en la mano se situó en la ventana desde la que podía verle, allá a lo lejos. Había empezado a llover y el hombre seguía sentado, sin moverse. Se acordó de aquella vez que se había enfadado tanto con su primo que no pudo evitar empujarle y hacerle caer por la escalera. Sus padres le habían regañado mucho, pero, no le habían echado de su casa. O de aquel otro día en el que, jugando, tiró la mesita de casa de su abuela y todas las muñecas de porcelana se hicieron añicos. Las lágrimas de la pobre mujer resbalaban por su cara en silencio, y él se puso sumamente triste, pero nadie le obligó a quedarse sentado en la calle por ello.

No lo pensó más, su madre estaba entretenida en la cocina, agarró el chubasquero y, manzana en mano, cruzó la calle hasta situarse, de nuevo, frente al hombre. Se quedó allí varios minutos, sin saber qué decirle. Después, estiró la mano y le ofreció el resto de su manzana. El hombre fijó por vez primera su mirada en él y la retuvo ahí unos momentos, imperturbable. Aceptó la fruta ofrecida y, muy despacio, empezó a comérsela, sin ansia alguna, mientras seguía mirándolo. Finalmente, se atrevió a decirle si podía hacerle una pregunta. El hombre no respondió, se limitó a inclinar ligeramente la cabeza, afirmando. Lo pensó un poco, no quería equivocarse con las palabras. Volvió a fijar en él sus ojos claros, y, ya sin miedo, le preguntó: ¿qué has hecho para que tus papas te hayan echado de casa?. El hombre cerró los ojos, un instante apenas, y, tras abrirlos, le contestó: ya no me acuerdo.

18 ago. 2009

Miradas



Sentía cosquillas, le picaba la nariz, cientos de hormigas paseaban por sus dedos y un hormigueo extraño le recorría las piernas. Escuchaba susurros, máquinas en funcionamiento, ligeros pitidos. El aire tenía un olor extraño, alcohol mezclado con sudor y desinfectante. No quería pero se obligó a abrir los ojos, despacio, muy despacio. La luz le deslumbró al principio, como si alguien le hubiera colocado un foco potente frente a los ojos. Fue situando el espacio a su alrededor sin atreverse a girar la cabeza. Estaba en una cama, cubierta de cables conectados a diferentes partes de su cuerpo. Su visión era borrosa y alzando la mano izquierda comprobó que no llevaba sus gafas. Entonces escuchó unos pasos y una voz que le preguntaba cómo se encontraba. Al instante la habitación se llenó de personas, cada una ocupándose de una máquina distinta y tocándole por zonas. Hablaban entre ellas, se comían el espacio, se alternaban en hacerle preguntas ....

A ratos dormitaba, sueños mínimos que abandonaba con la garganta seca y una sensación de inmenso terror. No recordaba nada. Le habían hablado del accidente, de su situación, de la amnesia temporal, de la tranquilidad que requería para ir recuperándose poco a poco. Pero no sabía quien era, cómo se llamaba, quienes eran aquellos que acudían a verla a diario y eso le paralizaba. Se lo habían explicado pero ella seguía sin saber. Sin recordar. Sin sentir. Su propio cuerpo le resultaba extraño con aquellos dolores que llegaban sin avisar dejándola casi sin sentido.


En los ratos buenos, cuando se sentía sola y se hacía el silencio, se interrogaba. Preguntas y preguntas que no obtenían respuesta alguna porque en su mente sólo existía un inmenso vacío. Cuando estaba acompañada cerraba los ojos e intentaba escuchar las voces, paladearlas, apurarlas ... Nada, no le decían nada, los sonidos pasaban por su lado sin que fuera capaz de reconocer tono alguno. Cuando alguna visita lloraba ante su silencio intentaba seguir el rastro de esas lágrimas buscando en su recorrido instantes del pasado ... inútil, todo era en vano.


Esa mañana cualquiera ya había dejado de intentarlo. Se limitaba a estar allí, dejándose mirar, absorta en el rayo de luz que se colaba por la persiana entreabierta. A su alrededor se producían conversaciones que no seguía, preguntas que no contestaba, suspiros que no le dolían. Aquellas personas no hablaban con ella porque no sabían quién era ella sino quien había sido, le contaban historias que no reconocía, en las que no se veía. Asistía por tanto a la lectura de un relato del que no era la protagonista. La puerta se abrió lentamente y alguien entró en la habitación. Se acercó a la cama, despacio, se agachó para ponerse a su altura y la miró. Sus ojos la recorrieron entera, deteniéndose de a poquitos en todo su cuerpo, rozándola sin tocarla. Y, entonces, sucedió. Reconoció aquella mirada, burbujeante y clara, aquellas arrugas contorneando los ojos que originan las sonrisas de toda una vida, aquella luz verdosa que jugaba a perseguir el brillo del sol en su cara. En ese instante, lo supo. Supo sin duda alguna que esos ojos eran quienes le acompañaban, acunaban, divertían y reflejaban cada día. Estiró la mano y se aferró a esos dedos que se acoplaban perfectamente a los suyos, reconociéndose en su tacto. Se sintió en casa, sonrió y se dispuso a dormir, por primera vez desde que se incorporó a ese presente extraño, sin pesadillas.


13 ago. 2009

Fotografía


Había estado colgada ante ella desde siempre.

Sus primeras papillas las derramó en su honor; el diente que entregó al ratoncito pérez se reflejó en el cristal que la protegía; sus lágrimas adolescentes por aquel chico pecoso que no malgastaba ni un segundo en mirarla rebotaron sobre ella con amargura; el brindis que hizo cuando se licenció dejó pequeñas marcas en su esquina izquierda; la sonrisa cuando aterrizó en casa con su primer hijo quedó sellada en el ángulo contrario; el día que decidió empezar a caminar de nuevo sola lo festejó dejando que una copa de cava se destrozara justo en la pared que la sujetaba .....

Cambió de domicilio, de ciudad, de país, de amigos, de amantes, se transformó mil veces. La fotografía mudó con ella, se fue haciendo vieja, de a poquitos, fue perdiendo su color, amarilleó, concibió arrugas. Algunas noches, cuando el mundo se hacía silencio, se sentaba frente a ella, respiraba tranquila y se dejaba mecer por su historia, reconociéndose en cada esquina del papel, en cada brillo apagado, en cada instante retenido al tiempo.

Cuando fueron a recoger sus pertenencias sólo necesitaron una pequeña caja de cartón. Un sencillo anillo, un par de cartas con matasellos ilegibles y un dibujo que alguno de sus nietos le había enviado unas navidades. Apoyada en la pared, esperando su nuevo destino, estaba la vieja fotografía. Sin marco, sin cristal, una fina lámina en la que apenas se podía definir una imagen concreta. La puerta se cerró y nadie se dió cuenta del pequeño sonido que se escuchó cuando la fiel compañera se desplazó hasta el suelo.


11 ago. 2009

Escapada



Lo normal es que vaya detrás nuestra, pero, a veces, se adelanta y tenemos que correr para alcanzarla. Esfuerzo vano, si nos ha superado es que hemos cometido un error. Uno de esos mínimos, sin importancia, de esos que se dan tan a menudo en la vida. Puede que nos hayamos detenido en un lugar inapropiado; tal vez, nos hemos quedado pensando dos minutos más de lo debido en esa trampa idiota que alguien nos tendió; o, por qué no, es posible que hayamos malgastado más de una reflexión en aquello que, de tan trillado, hace años que deberíamos haber olvidado.

De pequeños, su descubrimiento es una fiesta. ¡Es tan fácil encontrarse con cualquier niño, en un parque, jugando a atraparla! Con el paso de los años nos olvidamos de ella, estamos tan acostumbrados a que nos siga que, ese día sin marca en el calendario en el que descubrimos que ya no está, nos quedamos asombrados, sin entender cómo y por qué ha ocurrido tal fatalidad.

Ese reflejo oscuro que somos nosotros, a veces, se aburre de nuestra vida y decide escaparse para experimentar sus propias vivencias. Todo aquello que nosotros no nos hemos atrevido a probar, a saborear, a paladear. En ocasiones, muy de cuando en cuando, volvemos a tropezarnos con ella. La reconocemos porque mantiene nuestro olor, pero, es ya muy diferente a la que recordábamos. Se la ve más joven, más ligera, más alta. Puede, incluso, que se detenga un instante a observarnos, con esa risa ladeada del que lo sabe todo y prefiere no decir nada.

6 ago. 2009

Mañana de locos


Uno se levanta como cada mañana, bostezando, dudando si estampar el despertador en la pared o sacar los pies de la cama. Se pide calma, se toma un café, se pega una ducha para quitarse las telarañas, se deja caer hasta el metro y se dispone, libro en mano, a soportar esa horita diaria de su vida, más la de vuelta, que transcurre entre túneles y sudores, propios y ajenos.


Es lo que hay, la aceptación de que en este mundo se ha venido a sufrir se produjo hace ya tiempo. De modo que uno abre la puerta de su lugar de trabajo y se dispone a perder, un día más, esas ocho horas que tardan en pasar como si se tratara de ocho años. Lo que es imposible predecir es que, además de esa lotería, con la que ya cuentas, hoy, por ser tú, te vas a ver envuelta en una de esas que, si la cuentas, nadie te va a creer. Llamadas telefónicas que prosiguen conversaciones que ya creías cerradas, contestaciones intempestivas, alucines varios, ganas de estrangular a alguien en particular .... Y, todo, porque ya casi nadie se preocupa de realizar correctamente su trabajo, porque es más fácil cometer un error y salir corriendo, y, si el tren descarrila, que no le pille en el andén. Cuando medio has desvelado el secreto del enjambre que ha motivado todo no puedes hacer más que quedarte con cara de boba y decir eso de ..... ¡no puede ser!


Pero es, y, en el entreacto, te has pasado más de cuatro horas discutiendo con unos y con otros y has conseguido ponerte de los nervios. Y, lo peor, lo peor de todo, es que tienes que callarte lo que realmente piensas porque, en caso contrario, es posible que pierdas la partida ..... ¡Que malito es esto de depender de los demás!
Voy a ver si limpio el tenderete y consigo llegar a casa sin más novedad (cruzaré los dedos que todavía queda mucho día por delante).

4 ago. 2009

Reflejo


Fotografía: Alfredo Martin


Un reflejo, eso es lo que somos la mayoría de las veces, un simple reflejo. Un reflejo de lo que nos gustaría ser, de lo que pensamos que deberíamos ser, de lo que deseamos llegar a ser, de lo que los demás consideran que debemos ser .... Un puto reflejo.

Y se nos va la vida en su persecución, vamos por el mundo observándonos en todos los espejos, en todas las miradas ajenas, en cada escaparate, en cada charco de la calle. ¿Seré o no seré? ¿Lo habré logrado por fin? ¿Estaré cerca del objetivo? Y, mientras tanto, mientras caminamos sin avanzar, las cosas chiquitas, las que de verdad importan, se quedan arrinconadas a nuestra vera, sin que nos demos ni cuenta.

Un día, sin avisar, al vernos reflejados, nos vemos. Tal y como somos, con el interior latiendo en la garganta. Ese día una sonrisa amarga desprenderá la hiel del tiempo perdido, del dolor inutilmente sufrido, de cada instante único que no llegamos a deglutir. Por un reflejo, todo, por un simple reflejo.