22 feb. 2010

Blogueros mayores


Mientras iniciaba mi semana laboral esta mañana me he dejado acompañar por la revista de El País Semanal, algo que suelo hacer todos los lunes. Al llegar al artículo de Maruja Torres se me ha quedado colgada una sonrisa y en cuanto he tenido oportunidad me he puesto a bucear en la historia que relataba. María Amelia López Soliño tuvo la suerte de tener un nieto estupendo que le regaló por su noventa y cinco cumpleaños un blog y este obsequio le cambió la vida: recibió el premio internacional BOBs, tras casi tres años de dedicación a ese mundo que hasta entonces había estado vedado para ella. Ahora, que ya no está, un grupo de gente de esa curiosa que se mueve por el mundo ha estado pensando cómo seguir con ese espíritu activo de María Amelia y se les ha ocurrido crear un grupo para recibir y canalizar cuantas iniciativas personales se nos ocurran.

Hace menos de un mes, alguien a quien conozco y quiero, ha decidido apuntarse a un curso de informática, justo ahora, que está en su tercera juventud. El teclado no lo tiene muy controlado todavía, el ratón se muestra un tanto esquivo, pero ... ahí está, con sus apuntes a cuestas intentado manejarse en ese mundo hasta ahora incomprensible para ella que, día a día, se le hará un poco más cercano. Al leer esta mañana ese artículo no he podido evitar sonreír al pensar que, tal vez, dentro de un tiempo, sin necesidad de que se lo regale nadie, mi jovencita pinturera se cree su propio blog para charlar con los demás de sus cosas: recetas de cocina, maquetas, sellos, política en general y despropósitos particulares ....

Si cada uno de nuestros mayores tuviera la posibilidad de acceder a este medio, seguro que todo nos iría mucho mejor. A ellos y a nosotros, a todos. Me gustan las buenas iniciativas, así que, por aquí os dejo todos los enlaces habidos y por haber. Por cierto, si conocéis a algún chiquilín bloguero no dejéis de informarle .... seguro que le plantaréis una sonrisa ladeá en la cara.

19 feb. 2010

Viaje a los infiernos




No tenía nada mejor que hacer en esas dos horas, había dejado de llover, hacía mucho que no paseaba .... Mis pies tomaron la decisión por mí, empezaron a moverse sin que mi mente fuera consciente de ello. Las viejas calles, los antiguos soportales, el recorrido clásico que realicé durante años para llegar al instituto. Pese al tiempo transcurrido, nada había cambiado demasiado. Alguna valla que antes no estaba (el anhelo de seguridad empieza a notarse ya en todos los sitios), comercios con nombres distintos, algún pequeño jardín que antes no existía .... Nada importante.

De a poquitos fui sintiendo como penetraba en el pasado, escuchaba las risas, los comentarios burlones, mi piel revivía las antiguas sensaciones. Empecé a sentirme tan chiquita como entonces mientras notaba como mi cuerpo se erguía y adoptaba aquella postura tan característica de aquel entonces: frente alta, rictus en la boca, espalda recta y brazos preparados para golpear a cualquiera que se atreviera a rozarme. Cuando me percaté de dónde estaba, las puertas del instituto se cerraban ante mis ojos. Allí estaba, plantada, observando la nada a través de las rejas. ¿La nada? La sinrazón, más bien. El motivo de muchos azares posteriores, el origen de tantas inseguridades y miedos, el agujero negro que se llevó todas las sonrisas de aquella época.

Respiré hondo, miré alrededor y ... reanudé el paseo. Mis gestos se fueron relajando, dejé de sentir los brazos acartonados y volví a recuperar mi presente sonrisa. Les había vencido, a todos ellos; había vuelto, pese a todos ellos; tenía mi vida, quizás, gracias a ellos.

Un rincón maldito había desaparecido, por fin, de mi vida. Uno más, tendría que ir enfrentándome con el resto, aunque, eso sí, poco a poco.




13 feb. 2010

Canguros y sonrisas


Con dos años y cuatro meses había llegado nuestra oportunidad: íbamos a pasar nuestra primera tarde a solas. La cosa empezó bien, nos encontramos en la calle, se puso de lo más contento, me enseñó los últimos poches que le habían regalado (gritando los nombres de los benefactores, con su lengua de trapo) y, cuando llegamos a la puerta de su casa, me agarró de la mano y me dijo aquello de pasa, pasa a la casa de mamá. Permitió que le quitara el abrigo y me llevó enseguida a ver todos sus juguetes, explicándome con detalle de dónde procedía cada uno, con algún ligero despiste porque los de los reyes de oriente venían de mamá y su hermana tuvo que llamarle al orden.


Cinco minutos después ya no estaba tan contento, al percatarse de que sus chicas se iban y él se quedaba conmigo la cosa empezó a no hacerle tanta gracia. Lloró, pataleó, negó que con la tía vero fuera a hacer ninguna cosa, y menos que ninguna, pis, y montó una de órdago en cuanto se cerró la puerta. Pero .... pasados unos segundos ya me tenía inflando globos, tirada en el suelo imitando la sirena de un coche de policía, organizando el tráfico del salón y jartá perdida de la risa ante sus comentarios.


En dos horas nos dió tiempo a casi todo, incluido un baile muy chusquero por mi parte, con imitación de Elvis Presley a lo Verónica. Vivimos el momento merienda, nos vimos a la pantera rosa, hablamos por teléfono con la abuela y le enseñamos nuestros problemas con el aparcamiento improvisado de vehículos que habíamos montado y, por fin, tuvimos nuestro instante baño, con búsqueda de lunares incluida.


Cuando sonó el timbre y aparecieron sus chicas, la criatura estaba de lo más tranquila, confesó que se había portado superbien y me acompañó hasta la puerta llenándome de besos y recomendándome, eso sí, que fuera buena. La madre, que antes de irse me había dicho como mil veces que podía llamarla al móvil en cualquier momento, que llegaba en un instante y que, además, me había enseñado dónde estaban los libros, las películas, los juguetes especiales para momentos de crisis y que se había ido con cierto susto pintado en la cara, no acabó de creerse que la casa estuviera en su sitio y que su hijo no diera muestras de haber pasado el peor momento de su vida.


De camino a casa me dió por pensar que, si las cosas venían mal dadas, podía ganarme la vida haciendo canguros .... No me haría rica pero iba a engordar con tanta sonrisa. Por cierto .... ¿alguien necesita una guardesa de niños con experiencia demostrable? Ofrezco referencias.




5 feb. 2010

La llave


Nos empeñamos tanto en guardar los secretos que, a veces, después, no recordamos bien el cómo ni el cuando ni menos aún el por qué.


Aquella ocasión en la que nos sentimos tan avergonzados que la hemos archivado en lo más oculto de nuestro ser; ese funesto día en el que nos atrevimos a confesar quién éramos y, desde entonces, no hemos vuelto a acercarnos a esa parte de nuestro ser; esa velada atípica en la que se nos desató la lengua y, desde entonces, utilizamos mordazas cada vez que notamos que algo se empieza a aflojar en nuestro interior; aquel instante apenas en el que nos atrevimos a confesar, en voz alta, nuestro miedo más infantil; ese día en el trabajo en el que, bien alto y claro, gritamos que estábamos hasta los ovarios de aguantar gilipolleces varias ....


La vida se nos va en escondernos, de todos y de todo, no vaya a ser que alguien nos reconozca tal y como somos. Uno es quien es pero no siempre es políticamente correcto que los demás sean conocedores de ello. Nos camuflamos, nos escondemos, nos ponemos la máscara cada vez que salimos de casa, por si acaso, no vaya a ser que .... Y, así, un día cualquiera, al mirarnos al espejo, no nos reconocemos. Porque .... ¿quién se acuerda de dónde escondió la llave que abría la puerta de su verdad oculta?