22 feb 2010

Blogueros mayores


Mientras iniciaba mi semana laboral esta mañana me he dejado acompañar por la revista de El País Semanal, algo que suelo hacer todos los lunes. Al llegar al artículo de Maruja Torres se me ha quedado colgada una sonrisa y en cuanto he tenido oportunidad me he puesto a bucear en la historia que relataba. María Amelia López Soliño tuvo la suerte de tener un nieto estupendo que le regaló por su noventa y cinco cumpleaños un blog y este obsequio le cambió la vida: recibió el premio internacional BOBs, tras casi tres años de dedicación a ese mundo que hasta entonces había estado vedado para ella. Ahora, que ya no está, un grupo de gente de esa curiosa que se mueve por el mundo ha estado pensando cómo seguir con ese espíritu activo de María Amelia y se les ha ocurrido crear un grupo para recibir y canalizar cuantas iniciativas personales se nos ocurran.

Hace menos de un mes, alguien a quien conozco y quiero, ha decidido apuntarse a un curso de informática, justo ahora, que está en su tercera juventud. El teclado no lo tiene muy controlado todavía, el ratón se muestra un tanto esquivo, pero ... ahí está, con sus apuntes a cuestas intentado manejarse en ese mundo hasta ahora incomprensible para ella que, día a día, se le hará un poco más cercano. Al leer esta mañana ese artículo no he podido evitar sonreír al pensar que, tal vez, dentro de un tiempo, sin necesidad de que se lo regale nadie, mi jovencita pinturera se cree su propio blog para charlar con los demás de sus cosas: recetas de cocina, maquetas, sellos, política en general y despropósitos particulares ....

Si cada uno de nuestros mayores tuviera la posibilidad de acceder a este medio, seguro que todo nos iría mucho mejor. A ellos y a nosotros, a todos. Me gustan las buenas iniciativas, así que, por aquí os dejo todos los enlaces habidos y por haber. Por cierto, si conocéis a algún chiquilín bloguero no dejéis de informarle .... seguro que le plantaréis una sonrisa ladeá en la cara.

19 feb 2010

Viaje a los infiernos




No tenía nada mejor que hacer en esas dos horas, había dejado de llover, hacía mucho que no paseaba .... Mis pies tomaron la decisión por mí, empezaron a moverse sin que mi mente fuera consciente de ello. Las viejas calles, los antiguos soportales, el recorrido clásico que realicé durante años para llegar al instituto. Pese al tiempo transcurrido, nada había cambiado demasiado. Alguna valla que antes no estaba (el anhelo de seguridad empieza a notarse ya en todos los sitios), comercios con nombres distintos, algún pequeño jardín que antes no existía .... Nada importante.

De a poquitos fui sintiendo como penetraba en el pasado, escuchaba las risas, los comentarios burlones, mi piel revivía las antiguas sensaciones. Empecé a sentirme tan chiquita como entonces mientras notaba como mi cuerpo se erguía y adoptaba aquella postura tan característica de aquel entonces: frente alta, rictus en la boca, espalda recta y brazos preparados para golpear a cualquiera que se atreviera a rozarme. Cuando me percaté de dónde estaba, las puertas del instituto se cerraban ante mis ojos. Allí estaba, plantada, observando la nada a través de las rejas. ¿La nada? La sinrazón, más bien. El motivo de muchos azares posteriores, el origen de tantas inseguridades y miedos, el agujero negro que se llevó todas las sonrisas de aquella época.

Respiré hondo, miré alrededor y ... reanudé el paseo. Mis gestos se fueron relajando, dejé de sentir los brazos acartonados y volví a recuperar mi presente sonrisa. Les había vencido, a todos ellos; había vuelto, pese a todos ellos; tenía mi vida, quizás, gracias a ellos.

Un rincón maldito había desaparecido, por fin, de mi vida. Uno más, tendría que ir enfrentándome con el resto, aunque, eso sí, poco a poco.




13 feb 2010

Canguros y sonrisas


Con dos años y cuatro meses había llegado nuestra oportunidad: íbamos a pasar nuestra primera tarde a solas. La cosa empezó bien, nos encontramos en la calle, se puso de lo más contento, me enseñó los últimos poches que le habían regalado (gritando los nombres de los benefactores, con su lengua de trapo) y, cuando llegamos a la puerta de su casa, me agarró de la mano y me dijo aquello de pasa, pasa a la casa de mamá. Permitió que le quitara el abrigo y me llevó enseguida a ver todos sus juguetes, explicándome con detalle de dónde procedía cada uno, con algún ligero despiste porque los de los reyes de oriente venían de mamá y su hermana tuvo que llamarle al orden.


Cinco minutos después ya no estaba tan contento, al percatarse de que sus chicas se iban y él se quedaba conmigo la cosa empezó a no hacerle tanta gracia. Lloró, pataleó, negó que con la tía vero fuera a hacer ninguna cosa, y menos que ninguna, pis, y montó una de órdago en cuanto se cerró la puerta. Pero .... pasados unos segundos ya me tenía inflando globos, tirada en el suelo imitando la sirena de un coche de policía, organizando el tráfico del salón y jartá perdida de la risa ante sus comentarios.


En dos horas nos dió tiempo a casi todo, incluido un baile muy chusquero por mi parte, con imitación de Elvis Presley a lo Verónica. Vivimos el momento merienda, nos vimos a la pantera rosa, hablamos por teléfono con la abuela y le enseñamos nuestros problemas con el aparcamiento improvisado de vehículos que habíamos montado y, por fin, tuvimos nuestro instante baño, con búsqueda de lunares incluida.


Cuando sonó el timbre y aparecieron sus chicas, la criatura estaba de lo más tranquila, confesó que se había portado superbien y me acompañó hasta la puerta llenándome de besos y recomendándome, eso sí, que fuera buena. La madre, que antes de irse me había dicho como mil veces que podía llamarla al móvil en cualquier momento, que llegaba en un instante y que, además, me había enseñado dónde estaban los libros, las películas, los juguetes especiales para momentos de crisis y que se había ido con cierto susto pintado en la cara, no acabó de creerse que la casa estuviera en su sitio y que su hijo no diera muestras de haber pasado el peor momento de su vida.


De camino a casa me dió por pensar que, si las cosas venían mal dadas, podía ganarme la vida haciendo canguros .... No me haría rica pero iba a engordar con tanta sonrisa. Por cierto .... ¿alguien necesita una guardesa de niños con experiencia demostrable? Ofrezco referencias.




5 feb 2010

La llave


Nos empeñamos tanto en guardar los secretos que, a veces, después, no recordamos bien el cómo ni el cuando ni menos aún el por qué.


Aquella ocasión en la que nos sentimos tan avergonzados que la hemos archivado en lo más oculto de nuestro ser; ese funesto día en el que nos atrevimos a confesar quién éramos y, desde entonces, no hemos vuelto a acercarnos a esa parte de nuestro ser; esa velada atípica en la que se nos desató la lengua y, desde entonces, utilizamos mordazas cada vez que notamos que algo se empieza a aflojar en nuestro interior; aquel instante apenas en el que nos atrevimos a confesar, en voz alta, nuestro miedo más infantil; ese día en el trabajo en el que, bien alto y claro, gritamos que estábamos hasta los ovarios de aguantar gilipolleces varias ....


La vida se nos va en escondernos, de todos y de todo, no vaya a ser que alguien nos reconozca tal y como somos. Uno es quien es pero no siempre es políticamente correcto que los demás sean conocedores de ello. Nos camuflamos, nos escondemos, nos ponemos la máscara cada vez que salimos de casa, por si acaso, no vaya a ser que .... Y, así, un día cualquiera, al mirarnos al espejo, no nos reconocemos. Porque .... ¿quién se acuerda de dónde escondió la llave que abría la puerta de su verdad oculta?




31 ene 2010

En tonos grises


Enero se acaba, se lleva su frío, su lluvia, su nieve .... y nos deja veintiocho días por delante para que rematemos aquello que se nos quedó a medias. Ese libro con el que nos acostamos cada noche sin que termine de robarnos el sueño; esa película que, sin saber por qué, no terminamos de ir a ver; ese correo que llevamos días y días postergando sin razón aparente; esa tarde con palabras a medias y mermelada que no acaba de darse ...


Pensaba disfrutar de mis últimos días de vacaciones a lo largo de estos veintiocho que tenemos encima, pero ... ahora, no lo tengo claro del todo. Tal vez espere a los próximos treinta y uno, para cargar la pila frente a los treinta restantes ... Por otro lado, tengo tantas ganas de ver el mar, de relajarme, de olvidarme un poco de todo y de todos que no sé si aguantaré ....


Dudas y más dudas, a veces tengo la sensación de que soy una duda andante, así, en absoluto. Pensé que esto cambiaría con la edad pero veo que va de serie y no hay nada que hacer al respecto. Bueno, algo sí, acostumbrarse a vivir en la duda constante. No queda otra, me parece.

Fotografía: Antonio Fortes (ese, ese mismo, el que luego se queja de las fotos que elijo)


24 ene 2010

Si es lo que toca ....




Las semanas pasan cada vez más deprisa pese a que los días, contados uno a uno, se hacen insoportablemente lentos. Al menos, ha dejado de llover, el cielo se ha abierto y una mínima claridad envuelve este domingo.




Hoy tocan lentejas cumpleañeras, hace una semana fueron fabes devolución-renta, el próximo fin de semana tal vez estemos ante un cocido preaviso-de-despido ... Esto de mezclar comida con asuntos importantes debe ser muy nuestro porque repetimos bastante.




Antes de que me dé cuenta estaré de nuevo en la oficina, vocalizando mantras en silencio e intentando tomármelo todo con calma, con mucha calma. Cada día que pasa se hace un poco más difícil vivir la cotidianidad con el futuro asomando la nariz, pegadito a cada comentario, a cada movimiento de ratón, a cada decisión adoptada. No puedo evitar pensar que lo ideal sería poder teletransportarse a ese mañana que está tan cercano y al mismo tiempo tarda tanto en llegar. Abrir el grifo, dejar correr el agua y observar como los últimos veinte años de mi vida se escapan por el sumidero, lentamente, sin prisas, permitiéndome observar cada detalle, cada sonrisa y cada mosqueo inútil. Total ... ¿qué son veinte años analizados al milímetro? Nada, una gota de agua, un instante, una respiración entrecortada, un momento apenas que se va sin dar la lata ...




6 ene 2010

Naturalezas




Dicen que cuando uno pide muy poco se suele quedar con nada. Dicen que hay que solicitar en exceso para obtener algo de lo mucho que se desea. Dicen que primero hay que pensar en uno mismo sin esperar encontrar en otro lo que necesitas. Dicen, dicen, dicen...




Tal vez, con la edad, aprenda. Puede que cuando sea una ancianita, modifique mi forma de actuar, pensar y sentir al respecto. De momento, conservo esa mala educación recibida que me lleva a ofrecerme a manos llenas sin pensar si los demás entenderán o no el gesto. Es mi naturaleza, le dijo el escorpión a la rana, ¿no?




Lo único especial que para mí seguía teniendo este día antaño mágico era escuchar la voz de mi sobrina recién levantada, con la legaña puesta y con el grito brillante en la garganta. Sólo por eso merecía la pena soportar las famosas fiestas, los floripondios en cada esquina, la música navideña y demás fanfarrias de estos días. Este año no ha podido ser, otra cosa más que apuntar en el debe de la vida. Y conste que había comenzado el año con ganas, ¿eh?. Sois testigos de ello: pintando con colores los nuevos días. Pero ... es lo que hay, no vale la pena lamentarse por ello.




Me podría tirar de los pelos, pero, dada mi larga cabellera, acabaría estirando las pocas neuronas que me quedan, y, la verdad, los tiempos no están para eso. Mejor tragarse la bilis, de un sorbo, y esperar que el mañana nos ofrezca algo con lo que sonreír, como dice mi plural, tenemos amor de sobra (un poco de pastelazo, de cuando en cuando, no está mal), y comiditas ricas que degustar (las que hace él, claro, yo sólo entro en la cocina para fregotear).




A todo esto ..... ¿mañana ya es un día normal, no? Pues eso, que ustedes lo disfruten.










3 ene 2010

Inaugurando


Esto de rellenar un espacio en blanco tiene un aroma especial. Dadle un papel a un niño, un lápiz y .... preparaos para alucinar. Pueden comenzar en una esquina, tímidos, y negarse a seguir, pero, en cuanto les dejes un rato tranquilos, irán avanzando hasta rellenar de color todo lo blanco y dejar su marca en todo el espacio posible ... Somos así, los humanos, acaparadores, devoradores, deseosos de dejar nuestro impronta en el mundo.


Un año nuevo tiene mucho de inicio y algo de esperanza ... un puente a vaya usted a saber dónde, una nueva posibilidad, un todavía es posible. Quien diga que no espera algo diferente, miente; quien confiese que es un mero trámite, no está diciendo la verdad; quien se exprese indiferente a la novedad, esconde algo ... Estamos ante una página nueva, blanca, inmaculada ... ¿cómo no sentir un cierto hormigueo en los dedos?


Por mi parte, estoy deseando mancharme las yemas de tinta y empezar a colorear mi mundo ... un poquito de rojo por aquí, algo de amarillo por allá, esa esquina la quiero de verde, esa otra de azul .... Color, color y más color, que bastante negro y gris he tenido ya.


Sin pasarse, que quien mucho pide se queda luego relamiéndose las heridas ... un poquito sólo, una pizca apenas, que casi no se note pero que sea suficiente para alegrarme la vida.


Hasta que me ponga con la paleta, me quedo con este dibu de mi sobri, de hace unas semanas. Llegó pidiendo pinturas y terminó sentada ante el ordenador ... No veo mejor manera de iniciar este año que junto a sus colores .... de verdad que no.






30 dic 2009

¡Huele a año nuevo!


¿Qué no? ¿Es que carecéis de olfato? Los años nuevos huelen a cosa recién empezada, a inocencia, a todo es posible, a tal vez tenga remedio, a esta vez puede que sea, a novedad.


Os estaréis preguntando: ¿y a qué huele el año que se va? Tendréis que poner un poco de vuestra parte, el olor de cada año que finaliza depende del valor que haya tenido para cada uno en particular. Para algunos afortunados olerá a talco, a leche materna, a eructo infantil; para otros, a cambio existencial, boda, separación, viraje profesional, ciudad nueva o incluso país diferente; estarán los que sientan que no ha cambiado nada, trescientos sesenta y cinco días después; también habrá quien se sienta hundido y esté en una situación de la que no sepa como salir; podemos acordarnos de aquellos que viven tan pagados de sí mismos que no notan el paso de un año y otro porque la única diferencia es que, cada día que pasa, se ven mejor ....


En mi caso estoy ante una mezcla total de olores: se va un año malo, con olor a rancio (ciertas personas generan ese aroma nauseabundo a mi alrededor); a dolor (por lo que no pudo ser); a superación (por la aceptación de lo inevitable); a pérdida (sigo teniendo un baño pendiente y lo tendré cada vez que esté frente al mar); a sonrisas infantiles (las de mis dos sobris en progreso continuo); a ya no puedo más y aquí me bajo seguido de aquí me quedo como que me llamo Verónica; a descubrimientos varios (el de todos y cada uno de los nuevos que aparecéis por aquí siguiendo mi rastro y el hecho de que permanezcáis los antiguos que es algo que me llena de alegría); a los mimos constantes de mi plural a diario; a las lágrimas de mi niña chica seguidas de alguna que otra sonrisa intermitente; a hospital (porque ha seguido tocando) ...


Como decía, un año malo que deja paso a una total incógnita en el siguiente. Un cambio brusco, después de mucho tiempo sabiendo hacia dónde se iban a dirigir mis pies cada día laborable, dentro de apenas unos meses me quedaré mirando al horizonte sin saber qué va a ser de mi (probe). Un cambio de esos que asustan pero que llevaba mucho esperando, que será para bien, seguro, pese a que con el tiempo puede que me escuchéis llorar desconsolada por las esquinas de este rincón. A los cuarenta y dos y de mudanza profesional ....¡hay que joderse!


Éste que va a comenzar en un instante será el año, además, en el que pueda mantener una conversación de tú a tú con Mario, sin utilizar a su madre o hermana como intérpretes; en el que, tal vez, pueda escaparme unos días sin tener que deshacer las maletas antes de haberlas cerrado; en el que sean más los días que sonrío que aquellos en los que mantengo un rictus en los labios; en el que vuelva a verme estupenda y no esté haciéndome a este cuerpo extraño que ha ocupado mi anterior fisonomía; en el que, sobre todo y ante todo, sonría, sonría, sonría ....


¡Merece la pena celebrarlo! Y, como con todo lo que está cayendo estos días, no creo que pase nada porque me pegue un bañito: va por ustedes, compañeros. ¡Qué tengamos mucha suerte! (o, como decía alguien de quien nunca me olvido: que tinguem sort, que trobem tot el que ens a mancar ahir).


22 dic 2009

Si yo tuviera una pócima ...



... cuántas cosas lograría.


O no, nunca se sabe. Pero, por jugar, que no quede. Lo primero que tendría que conseguir sería un gorro de bruja: asunto resuelto. Mi sobri tiene uno genial que seguro que me presta un ratito. Lo segundo, un traje especial de bruja. Creo que en mi armario debe existir aún alguna que otra prenda de cuando era joven y rebelde que me puede servir para salir del apuro. Veamos, qué más, qué mas .... Ya sé: muchos frasquitos de esos de botica antigua. ¿Dónde consigo yo esto? Ya sé, la Mundi seguro que me localiza unos cuantos. Sigamos con la lista .... Animalejos, necesito un montón de bichitos de esos: arañas, murciélagos, sapos .... Me acerco al primer parque repleto de niños, busco al que tenga la cara de más malo del barrio y llego a un acuerdo con él.


Bueno, más o menos, la lista está completa. En cuanto al escenario ..... ays .....¡No se me ocurre nada! Esperad, esperad ... creo que ya lo tengo: el trastero de mi oficina. Sí, es ideal de la muerte. Con sus telarañas y todo. ¡Esto marcha!


Ahora sólo queda que me encierre con toda la cacharrería, que mezcle unos cuantos ingredientes, que pronuncie la frase mágica (ni locos penséis que os la voy a revelar: para que sea mágica tiene que ser también secreta), que añada unos cuantos polvitos especiales de esos que se encuentran en cualquier tienda y ..... tachín, tachín, tachín .... ¡Pócima creada!


Yo que ustedes me iría preparando. Si dentro de unos segundos empiezan a sentir ciertos picores; notan que tienen más brazos o piernas de los habituales; sienten el impulso irrefrenable de hacerle cosquillas al compañero; no pueden contener la risa ante la enésima bronca del jefe; han decidido gastar todo su dinero en una fiesta opípara para los colegas .... Es mi famosa y exclusiva pócima que ha empezado a surtir efecto.


¿Antídoto? ¡Pobrecillos! Con los años que llevo ensayando de bruja para lograr mi primera pócima, no esperarán que tenga preparado ya un antídoto ......



(Una forma como otra cualquiera de celebrar
que seguimos siendo pobres pero disfrutamos de mucha salud ....)


18 dic 2009

Pongamos que ....




Pongamos que pudiera lograrse, que fuera posible. Desterrar estas fechas del calendario, eliminar esas fiestas inicialmente religiosas que se han ido transformando en una locura de consumo y estupidez humana en las que hay que reunirse porque es lo que manda la tradición, le pese a quien le pese. Pongamos que derretimos la famosa noche buena y cada uno se queda en su casa, al abrigo de la manta, compartiendo su habitual nocturnidad con quien suela tener a diario a su vera. Pongamos que el día veinticinco cada uno se levanta y se dirige a su trabajo, como hace cada mañana, y se enfrenta al borreguil día laboral con la misma sonrisa o el mismo rictus con el que despliega su humanidad el resto de los trescientos sesenta y cinco días del año. ¿Estallaría el mundo? ¿Se rompería algo? ¿La tierra se caería y dejaría de cobijarnos?

Pongamos que todas las personas creyentes que, durante esos concretos días del año, sienten que tienen algo que celebrar, se reunen y dedican su celebración a ser solidarios, y, en lugar de la pitanza de la noche, ellos, que realizan sus comidas diarias, ofrecen su personal bacanal a aquellos que realmente no tienen nada. Pongamos que, con los excesos de esos dos días, se alimenta a esa parte de la humanidad que no tiene nada que llevarse a la boca. Pongamos que, por una vez, todos fuéramos realmente solidarios y entendiéramos nuestra fe como algo que hay que compartir con el que menos posee.

Pongamos que esas reuniones familiares que acaban destrozando los estómagos y recubriéndonos de michelines se realizaran cualquier otro día, porque sí, porque te apetece reunirte y sentirte cerca de la gente que quieres. Un sábado, un martes o un viernes insignificante en el que no haya que acudir a los grandes almacenes y salir cargados de paquetes. Frente a una tortilla de patata, unas cervezas bien frías, un poco de embutido o ese estofado que a la abuela le sale riquísimo. Pongamos que esos familiares a los que nunca vemos, salvo en esta fecha, un día perdido de mayo te llaman para invitarte a comer, sin mas, sólo porque les apetece, porque quieren ver tu sonrisa, porque añoran sentir el contacto de tu piel.


Pongamos que esa infinidad de personas que viven solas, absolutamente solas, no sienten incrementada su soledad ante las imágenes incesantes de esos días en las que el resto de los seres humanos parecen tener siempre quien les quiera y abrace. Pongamos que se sienten un poco menos solos al saber que se trata de un día como el de ayer, que sus vecinos hacen lo mismo que ellos, limitarse a vivir, a apurar el día a día, o, en la mayoría de los casos, tan solo a sobrevivir.

Pongamos, pongamos ..... por poner, que no quede.


13 dic 2009

Journey




¿Qué significa exactamente ser comprada, vendida, explotada? Teóricamente es fácil de entender, pero físicamente no tanto.

La instalación Journey lo intenta, al menos..

Intenta que te metas en la piel de esas miles de mujeres a las que han convertido en esclavas sexuales. Intenta que sientas su dolor, su pérdida de orientación, su vacío existencial, su miedo, su dolor ... que huelas lo que ellas han olido, que te veas como ellas se han visto, que te sientas como ellas se han sentido.

Y, he dicho bien, intenta, porque, es imposible. Por mucho que uno cierre los ojos en esa habitación hostil y le lleguen los olores nauseabundos de la barbarie; por mucho que uno se meta en un círculo negro; por mucho que uno escuche el relato con las propias palabras de su protagonista .... ni por asomo se va a sentir como ellas. Jamás, alguien que no ha pasado por ahí va a sentir la suciedad que a ellas las impregna, pero ... es un intento, al menos.
Si vivís o pasáis por Madrid en estos días (se clausurará el día 15), no dejéis de daros una vuelta por esos vagones especiales. A veces es necesario envolverse en otra piel para llegar a acercarse a otras realidades. Ajenas a las nuestras, increíbles, impensables, pero ... reales..

Por cierto: ¿Alguien podría explicarme cómo es posible que un hombre mantenga relaciones sexuales en una habitación semejante? ¿Cómo se le puede levantar? ¿Cómo es posible? ¿Cómo?

11 dic 2009

...




Algún día creceré de verdad, maduraré y ... ¡seré la hostia!


Las cosas no importantes dejarán de afectarme, me tomaré a guasa cada gilipollez vital, me la sudará lo que diga el tonto de turno y seré capaz de reírme de lo que en el presente me pone de los nervios.

Algún día me brotará una sonrisa en lugar de un acceso de ira; tanguearé con gracia en lugar de embestir de frente; lidiaré a los miuras como si de mininos se tratará; me reiré de mi sombra y pareceré tan políticamente correcta siendo irreverente que la piel se me desnudará de gozo.

Algún día diré eso de ahí te quedas, pero, con guasa, sin que la vida se me vaya en ello; me descalzaré estos zapatos antiguos que aprietan y adquiriré unos mocasines suaves que me permitan deslizarme sin ruido y sin dejar huella; desconectaré de todo lo que no es importante, que es tan poco, y … seré Verónica a secas.


Sin apellidos, sin pasado, sin prestaciones antiguas y sin promesas debidas. Algún día … lo único que espero es que, cuando llegue ese momento, no pierda todo lo bueno que me define, que me hace ser quien soy y que, pese a todo, hace que me reconozca en cada latido.



7 dic 2009

¿Alguien me presta a su genio?




De poder, durante las próximas semanas elegiría un lugar así para esconderme. Bien encerradita, sin que nadie pudiera atacarme. Sin sonidos de zambombas, panderetas o coros de niños aporreando mi puerta. Sin guirnaldas de purpurina que me rozaran la nariz. Sin los consabidos dulces navideños con su pringue de irrealidad chorreando por los dedos. Sin mensajes de texto repetidos hasta el infinito. Sin sonrisas forzadas estirándose por los rostros hasta forzar máscaras. Sin ...


Si pudiera, agarraría a mis sobris y me iría muy lejos, al país de nunca jamás. Nos contaríamos cuentos, nos inventaríamos canciones, nos pondríamos malos comiendo chocolate y sonreiríamos sin parar hasta quedarnos rendidos y con agujetas en los costados. Después nos acurrucaríamos para dormirnos muy juntos y evitar que los ogros malos nos despertaran de nuestro sueño.


Necesito que alguien me presente a un genio bueno, con una lamparita mágica que consiga que me teletransporte por unas semanas .... Tan sólo por unas semanas, de verdad de la buena que sí.


2 dic 2009

La lluvia y sus cosas




Mi ciudad, cuando llueve, se desparrama, se vuelve loca, se pierde. Es lo que tiene no estar acostumbrada, imagino. Por eso, ante una época lluviosa, los que la habitamos sabemos que nada bueno puede suceder e intentamos afrontarlo sin desquiciarnos en exceso. Y, he dicho bien, intentamos, porque, a veces, el esfuerzo se queda en eso, en un mero intento.




Asomada a la ventana he suspirado con desaliento: está lloviendo. Bien, era necesario, la capa contaminante que nos cernía el cogote se estaba haciendo más insoportable aún que los socavones con los que nuestro querido señor alcalde quiere que juguemos al escondite, así que ... asumido, tenía que llover y está lloviendo. Cambio en la indumentaria prevista: pantalón, botas, chubasquero, paraguas ... ¡Todos listos para salir! Ahora sólo falta añadir el libro, la bolsa con la tartera, el dominical que no he terminado aún de leer ... La cosa se va complicando, pero, todo controlado, sigo tranquila.




Aterrizo en el metro, empapada (mi ciudad tiene eso también, cuando llueve lo hace en todas las direcciones posibles, para que te entretengas un poco y llegues bien mojada a donde quiera que vayas). Cambio de utensilios de una mano a otra mientras intento encontrar el dichoso billete y empiezo a escuchar esa megafonía tan especial que sólo los usuarios habituales del transporte público sabemos reconocer en lo que vale: Por problemas técnicos, la línea tal no funciona correctamente entre la estación tal y la estación pascual, existiendo una demora estimada en más de diez minutos ..... perdonen las molestias. Sigo tranquila: los problemas están en la otra dirección. Llego al andén .... ¡qué raro! Aquí hay mucha gente, hay mucha más gente de la mucha que hay normalmente ..... Panel electrónico: Por problemas técnicos, la línea está cortada entre la estación tal y la estación pascual durante un tiempo estimado en más de treinta minutos ... perdonen las molestias. Esto ... ahora sí tengo problemas. Antes de esa estación no puedo hacer ningún transbordo .... Ejem, ejem, ejem, la mañana se complica. Tranquilidad, ante todo, tranquilidad. Total ... es una estación, me bajo, me entero de dónde estoy, pregunto y ... camino hasta la siguiente. Sigue estando todo controlado.




Unos veinte minutos más tarde aparece el tren. Ya no sabemos si la línea está bien, si está interrumpida, si vamos a llegar a algún lado, pero ... poco importa. En el andén somos tantos y nos damos tanto calor humano que estamos hasta contentos. No he tenido que decidir si subía hacia lo desconocido o me mantenía en mi lugar de origen: literalmente, he sido engullida. Unos tres cuartos de hora más tarde, sin tener ni idea de por dónde viajaba, la masa humana de la que formaba parte me ha devuelto a otro andén, en el que he tenido que demorarme varios minutos para respirar, recolocarme todos los huesos, comprobar que llevaba todas mis posesiones y no me había quedado con nada que no me perteneciera, y, lo más divertido, averiguar en qué estación de ese mundo subterráneo en el que me muevo a diario estaba.






Cuando finalmente he conseguido llegar a mi puesto de trabajo tenía una pila de recaditos para devolver llamadas; hacía un frío del carajo porque mi distinguido compañero tenía abiertas todas las ventanas, por eso de la ventilación, tan necesaria; el fax había debido estar vomitando durante toda la noche, a tenor de la cantidad de papel que había sobre mi mesa ..... Y, lo mejor de todo, cuando estaba empezando a centrarme, recibo una llamada estupenda de una empresa de trabajo temporal en la que un caballero muy atento me expresa que desea concertar una reunión conmigo para informarme de las contrataciones que podemos hacer utilizando sus ofertas ...... ¡Por todos los diablos! ¡Qué nos quedamos en la calle en unos meses, joder, recochineo ya tengo bastante a diario, vamos, digo yo!




Y, lo mejor, lo mejor de todo es que .... el día no ha llegado ni a la mitad. ¡Ays, menos mal que tengo paciencia!








18 nov 2009

Imaginando nada




¿Será así? Es difícil imaginarse en el mañana, en el más cercano y, aún más, en el hipotético futuro. Hace veinte años lo tenía tan claro que, al recordarlo hoy, me sonrojo. Aquella imagen bucólica de una misma anclada en un bello paraje, rodeada de nietos, con un libro abierto sobre el regazo y una sonrisa perenne colgada de la boca ... ¡Cómo somos los jóvenes cuando somos jóvenes!


En el hoy es todo mucho más difuso. Los nietos han desaparecido del escenario, el bello paraje está escondido en la niebla, la sonrisa ha quedado en rictus .... aunque, eso sí, el libro permanece en la estampa como antes. Con los años a uno se le empieza a hacer difícil ya no sólo imaginarse en el futuro si no incluso verse en el día después. O, al menos, a mí, me pasa. Mejor dicho, empieza a pasarme, será por esta etapa nueva en la que estoy a punto de embarcarme. Los temores grandes y los miedos chiquitos vienen a buscarte, intentan acorralarte, doblegarte, vencerte. Te pasas el día pensando eso tan inútil de: ¿Y si? ¿y si? ¿y .... si? Para, inmediatamente, contestarte: No, claro que no, eso no va a pasar, está claro que no va a pasar. Respuesta tonta porque, a los cinco minutos, esa vocecilla loca vuelve a empezar: Ya, claro que no va a ser así, pero ... ¿y si?


En el intermedio, mientras todo eso ocurre o no, voy a intentar imaginarme haciendo lo que más me gusta, eso que estoy haciendo ahora mismo: escribir. Vomitar. Soltar. Expresar. Compartir. Vocear. Gritar. Llorar. Sonreír. Jugar ......


12 nov 2009

Señores: Soy hereje




Llevaba años esperando la confirmación, y, ayer, mientras alucinaba, como de costumbre, con el informativo nocturno, el hecho se produjo: soy una hereje. Estoy en pecado mortal público, no puedo ser admitida a la sagrada comunión y, por tanto, estoy excomulgada.


Así de claro y contundente, oigan. Al menos, así lo ha expresado el portavoz de los obispos, el jesuita Juan Antonio Martínez Camino, en un intento más por meternos el miedo en el cuerpo. Y, no, no se equivocan, no soy parlamentaria y no puedo emitir voto alguno en el proyecto de Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo, pero, como al parecer, la amenaza vale para todo aquel que contribuya a que se apruebe dicha ley, insisto: soy hereje, ya que estoy a favor de la misma y, además, con mi voto posibilité que el gobierno actual pudiera llegar a plantearla.


Se me plantea sólo una duda: se supone que tal manifiesto verbal se refiere únicamente a aquellos que son católicos, y, claro, yo no me considero tal, así que, tal vez, no esté dentro del grupo afectado. Hilando fino, sin embargo, me he dado cuenta de algo: no soy católica practicante, pero, para la iglesia, si que estoy en sus filas, puesto que estoy bautizada y comulgada, ergo, insisto, una vez más: estoy excomulgada.


Ahora sólo hace falta que me digan dónde carajo tengo que presentarme para recoger el papelito de marras que va a confirmar, de una vez, que me han borrado de sus listas, esas que utilizan para armar la voz en defensa de esa mayoría que, según ellos, conforma este estado aconfesional en el que habito. Si alguien se entera de dónde tengo que acudir, por favor, que me avise.

3 nov 2009

Uno de esos días ...





Si, uno de esos días, tontos, pesados, largos .... de esos que no se acaban nunca y en el que te haces a la idea de que nada bueno va a acontecer. Uno de esos en los que a media mañana te dices lo de debería haberme quedado en la cama; te dan ganas de mandar unas cuantas veces a varios a la mierda y tienes que refrenarte para no darles la razón a aquellos que piensan que de políticamente correcta no tienes ni el nombre.

Uno de esos, simplemente. Que hay que soportar pero que se acaban olvidando con una buena ducha y una aún mejor compañía (de la que hoy carezco, además). Uno debería poder evaporarse, en días así. Desaparecer, sin más, y no ser visible hasta veinticuatro horas después. En un mundo ideal, uno podría conseguirlo. No en éste que habitamos, claro. Aquí hay que apencar con las rarezas vitales, las propias y las ajenas. Y con la mala suerte, con esa que lleva siempre a que la tostada caiga del lado de la mermelada, con esa.

Si, además, a última hora de la tarde, aquella que ya no es ella te lanza uno de sus comentarios involuntarios cargados de no sé qué, la cosa se complica. Como me he hecho mayor, respiro mil veces, sonrío y ... contesto desde ese lugar que duele, pero, no lo parece. ¿Ironía? No, creo que he llegado al cinismo. Mala cosa, de veras. En mi caso, vale más que me enfade, que explote, que deje salir la polvareda ... Si me la dejo dentro, tarde o temprano, se transforma en bilis y es capaz de enlodar al más próximo y menos culpable (pensándolo mejor, menos mal que hoy carezco de compañía).

Voy a descalzarme, darme una larga ducha y olvidarme de todo .... hasta mañana. Que no es que pinte mejor, pero, por lo menos, estaremos ya hablando de eso, de mañana.





30 oct 2009

Soledades




Está allí sentada, entre el bullicio. Una más. No hay nada especial que llame la atención en su actitud, ni demasiado alta, ni extremadamente delgada, su vestimenta es tan normal que se camufla a la perfección entre la de aquellos que la rodean. Mira sin ver, como los demás, y ocupa un espacio tan diminuto que el resto no debe esforzarse para no rozarla al pasar.


Si a cualquiera de las personas que han circulado a su lado le preguntaran, unas horas después, si podían reconocerla, tendrían que ofrecer, por fuerza, una respuesta negativa. Nadie sería capaz de ofrecer dato alguno sobre ella, por mucha que fuera la insistencia al preguntar.


Todo eso pensaba mientras se mantenía allí sentada. ¿Tan chiquita soy? ¿Tan sin sustancia? ¿Tan poco especial? ¿Tan ..... nada?. Llevaba años con el mismo monólogo interno. Día si y día también, sin poder evitarlo, ocupaba las horas con ese razonamiento absurdo. Y, sin percatarse, poco a poco se iba desdibujando de verdad, su cuerpo se hacía cada vez más pequeño y su luz, ese brillo especial que todos poseemos, se iba perdiendo ....


Unos metros más allá, sentado sin ser visto, estaba él. Anodino, gris, absorto. Sin nada que llamara la atención, tan común como el resto de aquellos entre los que se encontraba. Su mirada parecía extraviada, y, sin embargo, se centraba en un solo punto. En una sola presencia. En un solo ser. En ella, a la que observaba detenidamente, sin perderse un detalle. Seguía su rastro desde que un día tropezaron por casualidad y se dió cuenta de que ella ni había sentido el roce. Cada día la esperaba en el mismo lugar, a la misma hora, con la angustia mordiéndole la garganta al pensar que, tal vez hoy, no aparecería. Y, ese día, como el anterior, y el anterior, y, el otro, volvió a decirse la misma frase: Si yo no fuera tan gris, si fuera mas alto, mas moreno, mas interesante ..... Si me atreviera, si me acercara hasta ella ....


22 oct 2009

Tarde de sonrisas


¡Y qué necesaria resulta una así, de cuando en cuando! El cielo lleva bramando días, el frío empieza a notarse, la cotidianidad laboral cada vez se hace más pesada y .... cuando menos lo esperas, ahí está, una tarde divertida.

Un par de horas rodeada de palabras a medias, balbuceos extraños, dientes apuntando al horizonte, chocolate, olor a mermelada recién hecha, fútbol con una pelota de aluminio, zapatillas rosas, merienda inagotable, besos con babas, relatos del abuelo cebolleta y lágrimas de cocodrilo. Una de esas. Que surgen cuando nadie se lo espera, que no están planificadas, que te dejan la piel como nueva. Que te llevan a olvidarte de todo, durante un instante.

Tranquiliza ver tu mirada, serena. Observar tus ojos mientras se derraman por ese pedazo de tí en constante crecimiento. Escuchar tus bromas. Alabar el baile imposible de una peonza. Jugar con ese reflejo de aquella que fuiste, vislumbrado por vez primera después de tantos años. Verte sin tener que bajar la mirada. Verte, sentirte, olerte ....

Sí, no cabe duda. Ha sido una buena tarde. ¿Repetimos?