4 ene 2011

Demanda en situación de suspensión




Se puede empezar un nuevo año de muchas maneras, y, yo, este que ha comenzado hace cinco días, he decidido ser original: he dejado de estar parada sin estar trabajando. Porque yo lo valgo. Y, supongo, porque no tengo abuela.

¿Qué es eso de seguir engrosando las listas del paro? ¿Para qué malgastar el tiempo de todas esas buenas personas que derrochan su jornada laboral, día a día, intentando ayudar a aquellos que forman parte de la plantilla de esa gran empresa conocida como Paro, S.A.? ¿Por qué contribuir a que zapatitos (y cualquiera que venga detrás) se lleve un  disgusto cada mañana cuando le informan de cómo se va desarrollando la cola esa de parados a la que le da por juntarse, jornada tras jornada, haga frío o calor, frente a las puertas de las oficinas del Inem?

Nada de nada, yo, a mi aire.

Me he buscado un curso de esos que financia el Inem, y, para molestar lo menos posible, además, lo he hecho yo solita, no se vayan a estresar esos señores que cobran un sueldo todos los meses teniendo que pensar un poco en mí. Tuve que bucear por Internet, enviar un montón de documentación, pasar por una entrevista en la que me llamaron mayor y me dijeron que no me podían buscar trabajo porque no cumplía el perfil, pero, tras agachar las orejas e insistir, me concedieron el bendito curso. Uno largo, doscientas cincuenta horas, de ocho a doce de la mañana, para hacerme la ilusión de que madrugo como si siguiera trabajando. El primer día me dieron unos cuantos folios y un bolígrafo, el manual no, eran más de tres mil folios y no hay dinero para tanto: cada uno se ha buscado la vida como ha podido. Una medida más para ayudarnos a derrochar nuestra imaginación y salir de esta situación tan poco amable en la que hemos caído, no hay más, por no saber agarrarnos con los dientes a la realidad actual, como hacen los demás.

Siguiendo con mi afán de colaboración, el día que me tocaba renovar la Darde, decidí hacerlo por Internet, para no molestar, una vez más, a esos benditos sujetos que tanto y tan bien nos ayudan. Y entonces, y sólo entonces, recibí la ansiada noticia: mi demanda está en situación de suspensión, es una demanda sin intermediación. ¡Lo conseguí! A todos los efectos, no cuento como parada. Los empleados del gran Inem a los que he pagado y pago con mis impuestos (el hecho de estar parado no te libra de tener que justificar las cuentas anuales con Hacienda) ya no se tienen que preocupar de mi, no van a realizar ninguna labor de intermediación conmigo hasta ..... Mayo (el curso termina el diez de Marzo pero ...¡qué más da!, les concedo dos meses largos de prórroga). En el supuesto caso de que apareciera un trabajo ideal para mi, no me informarán de ello, porque, claro, estoy haciendo un curso y ya he conseguido bastante. Si deseo un orientador laboral no puedo acceder a él, porque .... eso, ya he logrado mi objetivo: me estoy formando.

¿Habeis escuchado que el paro ha bajado en el último mes del año que acabamos de terminar? Pues, ya sabeis, dadnos las gracias: a mí y a todos los graciosos ciudadanos que, como yo, hemos optado por no engrosar esas cifras que impiden desayunar a las cabezas pensantes de este maravilloso país cada mañana matriculándonos en un curso. ¡Que nos estamos formando, oiga!

En fin .... ¡vivir para ver! Y ... lo que nos queda, si esto sigue así.

24 dic 2010

Diciembre



Cada año que pasa, un día como hoy, tengo más la sensación de que estoy donde no debo estar. Me consuela saber que no estoy sin estar, que no es poco, pero a ciertas edades, empieza a pesar demasiado la duda permanente.

Puede que por ser la primera vez en más de veintiún años que un día como hoy no trabajo me haya dado permiso para que los recuerdos llamen a  mi puerta. Los buenos recuerdos, nada más, el masoquismo lo dejé de lado hace tiempo. Este día, que hace décadas que no celebro, han llegado de pronto esas voces que antes escuchaba a diario para humedecerme la piel. He recordado las risas, las bromas, las palabras amables, la locura de esos instantes en los que nada parecía salir bien y, al final, todo terminaba como siempre, otro año más.

Han aparecido rostros, imágenes, sensaciones que ni sabía que estaban por ahí enterradas y ..... me ha gustado su presencia. Visto desde el hoy, esa parcela del ayer no está tan mal. La atea impertinente supo capear el temporal sin que se notara en exceso y sin que los demás sintieran que tenían que tener cuidado con ella.

No sé lo que los demás vivís estos días, qué celebráis, a quien queréis tener cerca, qué es lo que os sangra por dentro y qué esperáis encontrar en el mañana. No soy capaz de ponerme en vuestra cabeza ni mucho menos en vuestra piel, pero, sea eso lo que sea, espero que lo disfrutéis ampliamente. Es lo mismo que deseaba, antaño, a aquellos con los que me rodeaba. Sencillamente os deseo que viváis aquello que deseáis vivir.

Ya, ya sé, esta no es una felicitación al uso, pero .... ¿Acaso alguien la esperaba?

6 dic 2010

Payasadas




Estado de alarma. Gente encapsulada. No poder ir donde deseas porque otros se niegan a realizar su trabajo. Gritos. Desesperación. Llantos. Pérdidas. Decisiones. Opiniones. Peticiones ....

Llega sin rozarme, hace años que no me acerco a un aeropuerto, no espero a nadie y a mí nadie me espera. Cansa, eso sí, cansa mucho, por no decir que todo. Cada día una noticia que supera la del anterior, como si nos encamináramos de a pasitos hacia el desastre. Dan ganas de cerrar las orejas y dejar de enterarse de lo que hacen esos miles de seres humanos que deciden sobre el resto de los mortales.

Han caído los primeros copos de nieve sobre mi ciudad pero su blancura no ha borrado la suciedad que impregna cada pedazo de suelo. Llueve sin cesar pero ni el agua desatasca el hedor que lleva acumulándose décadas. Las calles se llenan de personas ansiosas por ver la luces de la maldita navidad .... ajenas a todo lo que no sea encontrar ese regalo perfecto que será cambiado en cuanto pasen las horrendas fiestas.

No me queda ni esa pequeña luz que, cada vez menos de cuando en cuando, se encendía para dibujarme una sonrisa. Hasta eso ha cambiado en estos días locos. Podría pensar en emigrar, pero, a estas alturas, no creo que fuera diferente ubicarme en otro lugar.

Lo que decía, payasadas varias .....

13 nov 2010

Cosas que hacer mientras espero



  • Limpiar los enchufes (no es que sea complicado, pero, como antes tengo que cortar la luz y aprender a quitarlos, a día de hoy, la tarea sigue pendiente).
  • Cambiar los filtros de la campana extractora (como antes debo limpiarla, pues ... eso, sigue pendiente).
  • Bucear en el armario y desprenderme de esa ropa que jamás voy a poder volver a ponerme porque para conseguirlo tendría que subdividirme antes (mira que me da pereza a mí esta historia de los armarios).
  • Meterle mano a una carpeta que tengo en el escritorio con el maravilloso título de Cosas mías (seguramente esté equivocada, pero, desde aquí, sigo pensando que es imposible tener tantos ficheros que me pertenezcan).
  • Calzarme los zapatos de caminar y perderme por esta mi ciudad (no tengo acotación para esto, sencillamente, no tengo ni idea de por qué me cuesta tanto hacer algo que me sienta de maravilla).
  • Leer (aparece en la lista pero no debería, he superado el dramón de tener que hacerlo mientras viajo en el metro).
  • Hacer esas llamadas de teléfono que tengo pendientes desde hace meses (puede que si me pongo, acepte que me da tristeza sólo imaginarme la conversación).
  • Relajarme y mejorar mi humor (aseguro que antes sonreía muy a menudo).
  • Pasearme más por aquí (estoy en ello, estoy en ello, de verdad de la buena que sí).
  • Aprender a desdramatizarlo todo (con lograrlo un pelín, me daría por satisfecha).
Podría estirar la lista bastante más, pero, teniendo en cuenta que sólo tengo que esperar hasta el 9 del próximo mes, me parece que ya hay bastantes apartados. Eso sí, si se os ocurre algo más, ya sabéis, os dejo el bolígrafo de anotar aquí mismito.

2 nov 2010

Tres años y dos días



Existen personas únicas que se vomitan para fuera sin quedarse nada en su interior. Cuando uno está frente a ellas siente cómo se derrochan, cómo se entregan, cómo se licuan a borbotones. Da pavor observar esa hemorragia personal tan sin sentido, tan imposible de contener. El yo que les es propio desaparece entre las manos de aquellos que les rodean sin que sea necesaria palabra alguna para que se produzca dicho milagro.

Hace tres años y dos días Mario apareció por entre los muslos de su madre, sin llorar apenas, casi como pidiendo disculpas por presentarse. Desde aquel instante, todo cambió en la vida de sus dos mujeres, no porque él lo pidiera, ni lo forzara, ni lo solicitara mediante chantaje: las cosas son como son y nada fue ya como era antes.

Ha dejado atrás la lengua de trapo, es educado, sensible, divertido ... Comparte lo que tiene, acepta lo que le dan, idolatra a su hermana y dirige siempre la última mirada a su madre, antes de hacer esa travesura infantil que sabe de antemano que tendrá consecuencias. Llegó en el peor momento, pero, él no lo sabe. Esperemos que, cuando lo comprenda, mantenga la sonrisa, la caricia, la ilusión en la mirada .....



6 oct 2010

Sintiéndome extaña





Había escuchado por ahí que el estado del parado era plácido, tranquilo, algo así como unas vacaciones largas, sin fecha de caducidad. Mentira cochina.

Los conocidos, al enterarse de mi nueva situación, me decían eso de: aprovecha esta etapa, goza de la tranquilidad, después de tantos años te mereces un parón, ahora tendrás tiempo para hacer otras cosas. Me río cada vez que recuerdo esas frases, me río por no llorar, claro.

Mis días se han transformado en un carrusel de luces y sombras continuo. He tenido que confeccionar un calendario, como cuando iba a la universidad, para no perderme entre tanto curso con horarios distintos y citas de todo tipo. Algunos días, de seguir la plantilla, debía estar en tres sitios al mismo tiempo, cada uno en una zona diferente de la ciudad. He vuelto a pasar toda una jornada fuera de casa, de aquí para allá, con la mochila al hombro y el bocata bien guardado en el fondo, para evitar males mayores y que el cuaderno de notas no apareciera en medio de una clase con manchas de mortadela. Y, todo eso, para nada, ni siquiera ha servido para perder esos kilos de más que, no sé bien cómo, se han adosado a mi cuerpo (prometo que hace un par de años no tenía nada de eso en mi cintura). Un día de estos voy a tener que hablar seriamente de los cursos para desempleados, esos que todo trabajador costea de su nómina mientras que está cortizando a la bendita seguridad social (un 0,10% en concepto de formación), de los formadores de dichos cursos, de los tutores de los mismos y de la madre que parió a los responsables de tamaño despropósito. Un día de estos lo haré, cuando tenga ganas de ponerme seria, pero, ahora, no toca.

No toca porque hoy me siento un tanto extraña, ni pa ti ni pa mí, ni frío ni calor, ni aquí ni allá ..... Esta mañana me he sentido, sabiendo que no debía, una cabrona redomada, se me han roto las carnes y me he detestado a mí misma. Luego he respirado con calma, me he fumado un cigarro, me he dicho eso de: la decisión es la correcta y he seguido con mi día. Pero, no puedo evitarlo: me siento extraña.

2 sept 2010

Desde la barrera






Se han esfumado Julio y Agosto y casi ni me he dado cuenta. Dos meses completos sin trabajar ..... ¿Cuánto hacía? Creo que andaba por los dieciocho, sí, ha llovido desde entonces. Esto de amoldarse al paro no es fácil. Los días se alargan, las horas carecen de sentido, nadie te espera en ningún sitio .... y, claro, tu andas por ahí, como un fantasma. Estás y no estás, una sensación extraña.

Se me hace difícil leer sin estar en el metro, es una de las primeras cosas de las que me he dado cuenta en esta mi nueva situación vital. La devoralibros necesita del traqueteo y la marea humana para concentrarse en la lectura, quién se lo iba a decir, hace apenas dos meses. Otra sensación rara es esa de no echar de menos ... Tenía mis dudas, pese a todo. Veintiún años son demasiados como para no añorar voces, palabras, presencias. Se confirma, por tanto, que estaba muy quemada, algo que intuía pero que precisaba una constatación en firme. El miedo inicial se ha desvanecido, no es que habite en la tranquilidad absoluta pero, tras las primeras semanas, he empezado a reírme de todo lo que antes me aterraba. Acepto la situación actual y me acepto con todo lo que ello implica, será difícil, pero he llegado al convencimiento de que no hay nada imposible.

Dentro de una semana comenzará otra historia .... Vuelvo al cole, con la mochila y el bocata. Serán sólo unos meses, pero, para romper rutinas, me vale. Tras la mínima prueba realizada en Julio, puedo decir que he cambiado lo suficiente como para no asustarme entrar en un aula llena de desconocidos. Va a ser el corte de pelo, fijo. ¡Si lo hubiera sabido antes! .....

Este mi rincón está un poco deshabitado, pero, es lo que tiene transformarse en fantasma: no puedes dejar huellas. Vomitar implica tener algo dentro, y, durante estos meses, he estado vacía. Esperemos que, de a poquitos, empiece a sentir que las palabras bullen por mis dedos ..... Esperemos.

4 ago 2010

La firma







Al final, lo hicimos. Nos habíamos resistido, no queríamos ni pensar en ello, pero, al final, lo hemos hecho. Por todo y por nada, porque es mejor dejar las cosas resueltas, porque pesaba más lo positivo que la sensación de no querer pasar por algo que viene impuesto desde fuera. Porque terminamos por convencernos de que, en el día a día no importaba gran cosa y, en el mañana, podía llegar a significarlo todo.

Tras meditar varias opciones elegimos la menos mala: hermanas, padres y los dos sobrinos. La cosa no empezó bien del todo, Mario se negaba en redondo a hablar con nadie porque su madre le había obligado a llevar botones. Su enfado era de tal calibre que no había manera de acercarse a él. Tras un pacto que se selló con un apretón de manos, la criatura volvió a su estado natural y se convirtió, como era de esperar, en el pegamento ideal. Con Lucía lo tuvimos más fácil: ser la encargada de portar los anillos le dio el protagonismo que necesitaba para sentirse princesa por un día y olvidarse de todo lo demás.  

La ceremonia en sí resultó lo más divertido de todo. Cámara en ristre los mayores se olvidaron de cualquier trascendencia que pudiera tener ese momento y se dedicaron a ejercer de fotógrafos profesionales, provocando nuestras risas y las del pobre concejal que no tenía muy claro si apartarse o posar como un modelo más. Cuando llegó el instante firmas, Lucía, que ya estaba en su salsa, decidió permanecer al lado de los firmantes para que a ninguno se le olvidara dejar por escrito su consentimiento. Creo que, al final, si hubiéramos hecho una encuesta, los presentes habrían confirmado que no habían asistido a ninguna semejante, con tantas risas y tan poco sentido de la responsabilidad. Se olvidaron del arroz (menos mal) pero nos cantaron el ya se han casaó tantas veces y con tantas ganas que en lugar de nueve personas parecíamos todo un batallón.

Durante la comida siguieron las risas, amenizadas, como no puede ser de otra forma cuando hay chiquillos, con un millón de anécdotas. Mario no quería nada, pero, eso sí, educadamente contestaba gracias a todo el mundo. Acabó pasando de silla en silla y jugando con todos, creo que todavía no ha entendido del todo por qué el camarero se llevó sus patatas cuando estábamos con los postres. Su hermana, que ya es mayor, presidió la mesa y estuvo encantadora. Su mejor regalo, hacia mí, fue asegurar que besaba muy bien y preguntarme dónde había aprendido a besar de esa manera. Para finalizar la jornada se transformó en periodista y se encargó de dejar un documento escrito con las impresiones de todos los presentes de día tan trascendental en nuestra vida.

Tras un rato memorable en casa y después de descubrir que mi cuñada domina como nadie el arte de la papiroflexia, cada mochuelo se fue a su olivo y mi plural (por mucho papel que hayamos firmado seguirá siendo mi plural para mi) y yo nos largamos a tomarnos unas copitas, para celebrar que nadie se había matado y que, dentro de lo malo, las risas habían merecido la pena.

Al día siguiente vivimos la segunda parte, enfocada a una única persona que se merece todo y más, que no resultó tan bien como la primera pero que llevaba la misma intención personal de buen rollito y de que pudiera festejar todo el mundo. Por una vez, yo era la tranquila y superé el envite con una sonrisa que me duró hasta las cuatro de la madrugada. Una vez más, y puesto que todos habían decidido marcharse pronto, mi plural y yo decidimos festejar, ya en la intimidad, que nadie se había matado (esta vez sí hubo puñaladas traperas, pero, nada al margen de lo habitual), que la tercera generación estuvo presente y que quedan celebraciones de las Trujis para rato.

Y, ahora, tras dos días intensos de celebrar no sabemos muy bien qué porque, para nosotros, esto lleva ocurriendo desde un día del 2003 en el que nos vimos las caras y todo empezó a ser de dos, puedo decir que hemos recuperado la tranquilidad. Quedarán, para siempre, las sonrisas, los ojos brillantes de aquellos que lo disfrutaron, un brindis muy especial que hizo presentes a dos seres muy queridos que ya no están, y, cómo no, Lluis Llach a mi lado, detalle exclusivo de mi chico que sólo él y yo captamos y que me emocionó tanto que tuve que voltear la cara para que nadie más que él fuera consciente de hasta dónde la pluralidad había llegado.


23 jul 2010

Por soñar que no quede






Sería bonito acostarse cada noche sabiendo que la luna va a tejer un manto de estrellas para nosotros. Uno especial, único, indestructible, mágico. Una manta que alejara los problemas, que nos dejara soñar como cuando éramos niños, que nos evitara las pesadillas y nos cobijara ante nuestros peores miedos. Bajo esa colcha de amor podríamos dormir sin pensar en el mañana, en el hoy y en ese ayer confuso que, a veces, cuando menos lo esperamos, se presenta de madrugada y nos atenaza la respiración.

Los miedos, de niña, me llegaron de repente. No sé por qué, me han contado mil razones pero ninguna me convence del todo. Sólo recuerdo que un día concreto, al acostarme, no podía dormirme, cuando cerraba los ojos mil pesadillas me recorrían por completo. En el armario había sombras, en el salón se escuchaban ruidos, la terraza era un almacén del terror y, cuando ya no podía aguantar más el miedo, salía corriendo y me escondía en la cama de mis padres. Así estuve años y años hasta que mi niña chica comenzó con sus estados de sonambulismo extraños  y ... lo demás dejó de tener importancia. Creo que me daban más miedo sus fantasmas que los mios y por eso superé mis pesadillas.

Después, con el paso del tiempo, he tenido momentos y momentos. He sido insomne total, he paseado de madrugada por las calles buscando el cansancio, he tecleado y tecleado sin parar, pasando de noctámbulo a madrugador sin importarme los horarios, hasta que, junto a mi plural, hallé la tranquilidad. Una paz siempre relativa, de cuando en cuando todavía me asaltan fantasmas que no puedo explicar pero que son tan reales que pueden provocar el pánico ajeno, aunque sólo sea por observar los efectos que tienen en mi persona.

Ahora, hay días, hay momentos en los que, estando despierta, creo estar rodeada de fantasmas. Es la única explicación que le encuentro a tanta tozudez, a tanta incoherencia, a tanta fantasía lúdico festiva como la que tengo el lujo de vivenciar(*) estas últimas semanas. ¿Será el calor? ¿La crisis? ¿La edad? .... Como cuando era pequeña, soy incapaz de encontrar una razón a tanto exceso y las explicaciones que oigo no me sirven. Sólo espero no tener que ser testigo de algo más irreal todavía, algo que aún me provoque más miedo, para superarlo.



(*) Tal palabro no existe, lo sé. Pero he tenido que inventarlo porque no hay ninguno capaz de expresar esa sensación de vivir circunstancias irreales que se supone que no deben afectarte porque no estás incluida pero que te agarrotan la existencia.

17 jul 2010

Un brindis ....





... por los amigos, esos que están siempre a tu lado, que te comprenden, que te quieren, que te respetan, que te aceptan tal y como eres, que te tienen en un lugar del corazón al que nadie más puede llegar y del que, venga quien venga en el futuro, no te va a poder echar jamás.

Un brindis por las personas sinceras, esas que te quieren hasta el punto de decirte lo que piensan, en el instante preciso, en el momento justo, cuando más lo necesitas y cuando nadie más se va a atrever a hacerlo. Por esos que te miran el culo y te recomiendan cambiar la opción del vestido elegido, por mucho que te guste y por muy bien que tú te veas ante el espejo.

Un brindis por los amigos de los amigos, esos que entran en tu vida por la puerta pequeña y se quedan para siempre, porque te sonríen con dulzura, porque te aprecian porque le estiman al otro, porque sólo por el brillo que generas en su mirada son capaces de valorarte, aunque no te conozcan de nada. Porque te dan el tiempo justo, ni mucho ni poco, porque no te agobian, porque te tratan con soltura, porque no les importa que te pongas nerviosa, porque lo entienden todo, porque no esperan nada ya que nada les importa, salvo que aquel que te acompaña y que forma parte de su vida sonría, a tu lado, como no ha sonreído junto a nadie.

Un brindis por todo aquel que ha sabido mirarme desde los ojos de mi plural, sin importarle en absoluto que la imagen que veía reflejada se correspondiera o no con aquella que tenía prefabricada de antemano. Por aquel que no se ha guardado nada, que no me ha hecho pagar nada del pasado, que no ha puesto en mi boca palabras que jamás he pronunciado, por ese que, si no ha entendido algo, me ha permitido la pausa para explicarlo, y, ante todo, que ha sabido ser, de verdad, y no sólo de palabra, un amigo de quien se decía ser amigo.

Van cuatro .... mi tope son tres, y, eso, si he comido en abundancia. En días como el de hoy uno lamenta no tener bien surtido el mini bar, haberse transformado en alguien demasiado políticamente correcto y, ante todo, se apena de haber perdido los arrestos que antaño le hacían ser etiquetado como un asocial. Porque hay días y días, y, hoy, de verdad de la buena, me hubiera gustado que hubiera aparecido mi vena macarra, esa que me gesté en la adolescencia, y haber dejado que se escuchara ese vocabulario sucio que constituyó durante lustros mi diccionario particular.

Un brindis (sí, ya lo sé, van cinco, pero, ni mañana, ni al otro,  ni al otro, tengo que madrugar ni fichar en ningún sitio) por poder decir, con la boca bien grande, que no tengo amigos, porque, prefiero mil veces tal verdad que andar jugando al tirachinas, como cuando éramos enanos y el futuro se reducía al día siguiente. La palabra amistad es algo demasiado importante como para escucharla en boca de determinados seres. He dicho. Y, ahora, voy a seguir brindando .... seguro que encuentro muchas razones más para no parar en lo que me resta de día.



Amistad: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. Amancebamiento. Merced, favor. Afinidad, conexión entre cosas. Pacto amistoso entre dos o más personas. Deseo o gana de algo. Personas con las que se tiene amistad.

15 jul 2010

15.07.2010



Siete, ni uno más ni uno menos, siete. Esos son los años que cumple, un día como hoy, la princesa de mi familia, Lucía. Todavía no he podido hablar con ella, hoy es uno de esos momentos extraños que vivimos en los últimos tiempos, pero, seguro que no tardando mucho, le cantaré el cumpleaños feliz, le preguntaré que le han regalado y escucharé alguna de sus famosas frases, una de esas que te dejan tiritando y sin saber muy bien qué contestar.

Quien más quien menos tiene un niño especial cerca, da lo mismo que sea hijo, sobrino, primo o .... lo que sea. Un niño cuya sonrisa conocemos desde que vino al mundo, e, incluso antes, si hemos tenido la fortuna de estar en vivo y en directo en una ecografía. Lucía es mi niña, esa niña que nunca pariré. Fui la tía atenta durante todo el embarazo, durante su momento de llegar al mundo, viví su salida del quirófano y tuve la fortuna de ser la encargada de quedarme con ella sus primeros instantes de vida, mientras su madre volvía para acogerla entre sus brazos. La he visto mamar, disfrutar con sus primeros baños, aprender a comer sólidos, descubrir lo que era gatear, ponerse de pie y observar el mundo desde esa postura, sus primeras palabras, esa manera tan especial de decir que quería dibujar y, un día único que nunca olvidaré fui testigo de como leía su primer cuento.

Momentos y momentos que ella no recordará, como tiene que ser, pero que para mí son y serán inolvidables. Dentro de muchos años, cuando esta que teclea sea una ancianita estupenda (porque me niego a pensar que el futuro me va a deparar otra cosa), le contaré historias que ella habrá olvidado y, espero, nos reiremos juntas de aquellas que ya no seremos pero que, en su momento, fuimos. La vida tiene muy pocas cosas únicas, muy poquitas, por eso es un lujo poder gozar de una de ellas. Soy y seré siempre la tía Vero, esa que se asusta con casi todo, que regaña cuando tiene que regañar pero que tiene la paciencia infinita de pasarse horas y horas inventándose un cuento del que nunca pierde el hilo.

Estos instantes vitales no me están resultando muy agradables, por eso, supongo, tenía que llegar un día especial para que me armara de valor y volviera a teclear en este mi rincón, últimamente un poco dejado a la buena de los demás. Espero que todos me lo sepais respetar.

Un beso gordo, Lucía, con abrazo de oso incluido. Tal vez, dentro de un año, tengamos que hablar ya de novios y esas cosas de mayores ..... tal vez, quien sabe.



(Tengo para ti un nido en mi árbol y una nube blanca, colgada de alguna rama. Muy blanca ...... Lo tengo y lo tendré siempre, porque, aunque ahora no te lo creas mucho, Lucía, hay personas que son para siempre. Y, de eso, sabe mucho más que yo Lluis Llach .... muchísimo más)

2 jul 2010

La kábila de Tzen (... bien dedicada)




Allá por el año 2003, cuando mi plural todavía no tenía ese nombre porque estábamos empezando a conocernos, en una de esas largas conversaciones telefónicas con las que matábamos las noches me dijo, con voz de no me lo puedo creer: ¡Mi amigo Carlos está entre los finalistas del premio Planeta!. Por aquel entonces, Carlos era sólo Carlos para mí, aún no nos conocíamos personalmente y aquello me dejó alucinada. ¿Del premio Planeta, dices? ¿No te estarás equivocando? Y entre risas y perplejidad absoluta fue transcurriendo aquella noche en la que se sucedieron llamadas y llamadas de un Carlos pletórico a mi chico y de éste a mí, trasladándome, de a poquitos, como se iba desarrollando la situación. Finalmente, el galardonado fue el escritor Antonio Skármeta, por "El baile de la victoria", obra que no he leído pero sí puedo asegurar que la película de Fernando Trueba, basada en dicha novela, no me gustó nada.

Después fueron pasando los meses, Carlos y yo nos conocimos, y, con el tiempo, pasó a ser Carlitos, esa persona especial con la que las horas se pasan volando, cierras todos los bares, puedes charlar de todo y nunca dejas de reírte. Un día, por el amor de una mujer (aquí hay que imaginarle cantando a pleno pulmón, en caso contrario, no tiene gracia), abandonó nuestra ciudad y se fue a tierras malagueñas y, desde entonces, han sido contadas las ocasiones en las que hemos podido reunirnos los tres, a echarnos unas risas y olvidarnos de todo lo demás. Pero, Carlitos, pese a la distancia, seguirá siendo para mí eso, Carlitos, el primer amigo de mi plural con el que conseguí sentirme cómoda, al que le conté cosas que nunca había vomitado y con el que he bebido whisky como si de ron se tratara (las consecuencias, luego, eran mortales).

Ahora, por fin, aquella novela que nos tuvo despiertos una noche del año 2003 ha visto la luz, se ha marchado de casa, ha sido publicada. “La kábila de Tzen”, una historia tierna, divertida, de aventuras …. Una novela en la que reconoces a Carlos en cada línea. Él lo explica divinamente en su blog, de modo que no me entretendré en contaros el argumento, pero, lo que sí quería era reflejar, en este rincón que él visita en silencio, lo contenta que estoy, lo mucho que me alegro y la caricia que ha significado para mí, en estos momentos un tanto absurdos que vivo, recibir la novela dedicada, esa novela de la que tanto hemos hablado, por la que tanto nos hemos interesado y que dudábamos (porque somos humanos) tener un día así, entre las manos.

Si se analiza bien la dedicatoria, se me puede ver muy bien acompañada ..... detalle Carlitos, claro.


 
(Mil gracias, amigo ... todo un lujo que estará bien guardada en nuestra biblioteca)



22 jun 2010

Tardes

Hay días tontos y hay tardes inmensas. Tardes que se alargan, tardes tristes, tardes en las que te gustaría poder cambiar la vida, tardes en las que quisieras poder retroceder el reloj, el calendario, la historia ....

Nada de eso es posible, no queda otra, hay que acostumbrarse. Una amiga de este rincón, en tardes así, suele recomendar chocolate (cuidado, si no se es muy golosa, cambia la opción por sardinas, aviso antes de que a alguien se le ocurra mencionarle algún comentario al respecto). A mi, antes, me daba por ponerme tristona, tirarme en el sofá y rumiar, en silencio, las cosas de la mardita vida. Como ya soy mayor, esta tarde gris me he dejado mecer por la música, la mía, esa que lleva años acompañándome y que sabe amoldarse a mi esqueleto como nadie.

Os dejo una muestra ..... por eso, porque hoy, para mí, es una tarde de esas.

13 jun 2010

Ayer, como quién dice .....


Hace cuarenta años las cosas importantes de mi vida residían en una piscina. Si mis padres estaban cerca, no le tenía miedo a nada, ni siquiera el sol molestaba, bastaba con guiñar un poco los ojos y todo se solucionaba.

Después la vida empezó a complicarme la existencia, nada era fácil, todo tenía un precio y, en la mayoría de los casos, no podía pagarlo. Las dimensiones de una piscina no eran suficientes para albergar todo el mal del mundo y, aunque estaba dispuesta a lanzarme al mar, mis brazadas no me ayudaban a llegar hasta la orilla.

Con el tiempo acepté que aquello era lo que había y me construí un mundo único en el que sólo mi gente tenía libre la entrada. La lectura y la música me ayudaron a soportar el ruido exterior con un rictus de soberbia en el rostro pero nunca me rendí y seguí tirando hacia adelante.

Cuatro décadas después casi vuelvo a sentirme como entonces, como aquella chiquilla que le sonreía a la vida, aunque tuviese que entrecerrar de cuando en cuando los ojos. El camino no ha sido sencillo, tengo cicatrices por todos lados, pero ... aquí estamos, un día más de un año nuevo. En la infancia, nunca tuve una fiesta de cumpleaños con amigos, una de esas con tarta, velitas y la canción de cumpleaños feliz entonada por todos los chiquillos. 

Hoy, que ya soy mayor, voy a romper con esa no celebración .... cuarenta y dos años son demasiados como para no celebrarlo. Quedan todos invitados .... barra libre de cariños, cursilerías y todas esas cosas que se dan en días como el de hoy. Este rincón se merece una fiesta, una de esas especiales a las que sólo acuden aquellos que realmente sienten que son importantes para el homenajeado. Ya va siendo hora de que les diga que es un enorme placer compartir mis momentos y mis hormiguitas en este lugar sin rostros en el que, por fin, me siento como en casa.

Gracias a todos .... 

8 jun 2010

Mañana tonta

Tres días de vacaciones por delante. Dicen que va a llover. Los funcionarios se pelean contra .... no sé, tengo que meditarlo. Tiempo estimado del trayecto en metro para esta tarde: ochenta minutos, ida y vuelta, eso sí. Mañana comida familar, mini, más bien, es día laborable. Sergio me acariciará los oidos mientras bucea en mi boca: sé que no me gustará. Milana bonita no ha dado ningún problema, todo un detalle por su parte. He de dejarme seducir por un libro nuevo. Necesito unos zapatos. No sé si bajar a por una cerveza ... bien fría. Punto y final para esa antigua cuenta de correo. Hay silencios que no termino de comprender. Un día de estos lo mismo me decido y me cuento completa. Tenemos cuatro llamadas telefónicas pendientes. La renta. He de elegir otros dos días antes de que termine el mes. Recopilar fotografías, las que no están perdidas. Este verano no voy a ver el mar ....

3 jun 2010

Junio




Junio ha llegado, por fin. El calor, el bochorno madrileño, el sudor, las tardes que se alargan y las noches que, todavía, refrescan algo. El mes en el que cumplo años (¿puedo decir que he decidido olvidarme de la cifra que me cae?), en el que termino la relación laboral que he mantenido durante veintiún años, el último que vivo con el estado civil que he detentado los cuarenta y un años que tengo (dije que lo había decidido pero se ve que mi memoria no estaba de acuerdo con esa postura).

Antiguamente, Junio sabía a otra cosa. A fin de la etapa escolar, a vacaciones, a diversión, a tiempo libre (pensándolo bien, ahora voy a tener mucho de eso), al olor del cloro de las piscinas al aire libre, a las películas del cine de verano. Era el mes en el que todo empezaba, hasta Septiembre, en el que todo era posible, en el que, si te empeñabas, la vida podía escribirse de nuevo.

Hace unos días alguien me dijo que me conocía tanto como para saber cuándo estaba mintiendo. Me he dado cuenta, de pronto, que, dentro de nada, apenas un mes, muy pocas personas de mi entorno van a conocerme lo suficiente como para poder decirme una frase semejante. Aunque no sea cierta.

Soltar amarras y dejarse mecer por el futuro incierto nunca es fácil. Aprender a desaprender. Reinventarse. Volver a contarse, a narrarse, a explicarse. Ésta es mi cara, estos son mis conocimientos, ésta soy yo. En un mes estaré haciendo eso…. No sé si estoy preparada. Puede que todavía sea demasiado chica para tanta novedad.

26 may 2010

Patito feo


Como todos hemos sido niños no será necesario que empiece por el principio. Porque siempre hay un inicio para todo, aunque, a veces, como sucede en este caso, nos lo podemos pasar y entrar de lleno en el siguiente capítulo. Ese en el que ya somos grandes, adultos, maduros y, se supone, conscientes de nuestras actuaciones.

Hablemos de un niño, bueno, de un chaval que, por edad, se encontraría en plena adolescencia pero, por su situación especial, es y seguirá siendo mientras viva una criatura. Digamos que se llama Lluis, nos facilitará el relato utilizar este nombre ficticio, y aclaremos que casi no puede hablar, hace gestos raros y ... le encanta que le acaricien. Si eres afortunado, alguna vez, muy raramente, te dará un abrazo, pero, eso, sólo si tienes mucha suerte. Por lo general se limita a acercarse, rozarte y esperar a que le mimes durante todo el tiempo que sea posible. Lluis tiene unos padres que le cuidan y educan y una hermana más pequeña que, a estas alturas, ya es mucho más mayor que él, mucho menos extrovertida y, por qué no añadir el detalle, realmente preciosa. Lluis es un niño feliz, sus padres suelen llevarle siempre a lugares conocidos, sitios en los que son habituales y el entorno les entiende y respeta. Pero ...

De cuando en cuando, hay extraños. Y hay veces que esos extraños tienen a su vera extrañitos, seres chiquitos, niños juguetones que están aprendiéndolo todo y que miran a su alrededor queriendo saber los por qués de todas las cosas. Una criatura como Lluis es un foco de atención increíble cuando de seres pequeños estamos hablando. Es tan distinto que resulta imposible no observarle. La situación no suele pasar a mayores porque, claro está, los responsables de los chiquillos suelen actuar enseguida y reprimen a sus criaturas, explicándoles, de manera que puedan entenderlo, que Lluis está malito, que es diferente, que no deben mirarle fijamente porque le harían sentir incómodo. No obstante ....

Existen responsables a los que deberían quitarles el carné de padres. Por no saber estar, por no fijarse en sus pequeños, por no molestarse en mirar un poco más allá de su plato, por permitir que diez chiquillos señalen, se rían y se queden plantados ante alguien como Lluis, igual que si estuvieran en el circo. No es que a Lluis le importe, él pasa de esas cosas, pero junto a él está siempre su preciosa hermana, que sí escucha, ve, siente y padece, y, como no, sus padres, que, finalmente, optan por irse mientras acarician las cabezas de sus dos pequeños.  

Y, ahora, sí puedo volver al principio. A esa edad en la que no todos hemos sido objeto de burlas por ser el patito feo de la clase pero sí hemos sido espectadores de cómo el resto increpaba a aquellos que habían tenido la desgracia de ser diferentes, más altos, más bajos, más gordos o más delgados. Y, si  volvemos a aquella época, recordaremos fácilmente lo que dolía, lo duro que era, lo mal que lo pasábamos en esa situación. Es tan fácil cambiar esa dinámica que resulta odioso darse cuenta de que, pese a los años transcurridos, los humanos no evolucionamos nada. Es una simple cuestión de educación, el niño aprende lo que le enseñan, si le explican las diferencias las acepta sin más, igual que aprende a leer, a escribir, a saber que todo en la vida no es jugar. Educación .... simple educación. Pero, claro, para eso hay que tener ganas, hay que esforzarse y ... sonará duro, pero, estoy convencida de que es la realidad: hay que tener humanidad, en el verdadero sentido que tal palabra tiene.

El patito feo que fui y el recuerdo de cada herida aún en proceso de cicatrización no me han permitido dejar de vomitar estas palabras .... Espero que me lo perdonéis.

1 may 2010

Vocalizando el adiós




Veintiún años son muchos, tantos que dan para contar casi de todo. Los principios fueron gloriosos, aquella chiquilla asustada que ni siquiera había tocado un ordenador aprendió rápido en qué consistía jugar en el terreno laboral apostándose entera. Los últimos años de facultad, la necesidad de independizarme, la adquisición de una vivienda y el compromiso de la hipoteca que eso conllevaba, los amores tormentosos y los desamores con su depresión a cuestas .... todo eso lo compartí con mi trabajo y con aquellos con los que me veía o hablaba a diario. Con los años las cosas fueron cambiando y vino la etapa dura, esa en la que una aterriza en la realidad y se da cuenta, de golpe, que es un número y que sólo interesa y es valorado si como tal número acepta lo que los dirigentes ordenan, aunque no sea justo, ni razonable ni siquiera humano.

Ahora, que ha llegado el final (no del todo, pero, casi), lo malo, como siempre, se va olvidando y una no puede evitar rememorar lo bueno y dejarse atrapar por la nostalgia. Ayer, mientras preparaba finiquitos y talones, al teclear los nombres, la historia completa de cada trabajador pasaba por delante de mis ojos: enfermedades, hijos, problemas personales, rachas buenas y malas .... Porque, al final, todo queda reducido a eso, a las relaciones humanas, a aquellos de los que tienes que despedirte sabiendo que va a ser muy difícil que los caminos de ambos vuelvan a cruzarse. Y empieza a sonar el teléfono y uno se va derrumbando con cada palabra escuchada, intentando mantener el tipo pero dándose cuenta de que no va a ser posible sujetar las lágrimas. Anticipas el lunes, en el que tú seguirás estando, todavía, en el mismo lugar, pero ya no escucharás esa voz, ni tendrás nada que pedirle, ni te informará del tiempo que hace en su ciudad, ni te pedirá favor alguno, ni .... Y, te rompes completa. Y, además, dejas que se note, porque encuentras normal que el otro se despida sabiendo lo que para ti supone ese último contacto telefónico.

Justo al final de la mañana, cuando piensas que ya casi está todo dicho, el teléfono imparable vuelve a sonar, estás fuera de tu sitio pero lo alcanzas para que deje de sonar y .... última sorpresa. Aquel con el que pasaste un trámite similar, hace ya seis años, ha decidido llamarte para que no estés sola en un día como ese, para darte ánimos, para acunarte y llenarte de mimos y, una vez más, para agradecerte todo aquello que hiciste por él .... Desde el norte, ese que siento como algo tan mío, te llega su voz llena de sonrisas, contándote cómo le va la vida, lo grandes que están ya sus nietos, la situación laboral de sus hijas, y .... ahí sí que ya no te quedan palabras y te dejas llevar mientras las lágrimas te recorren completa sin que intentes detenerlas, resbalan por tu rostro marcando cada uno de esos años en los que, sentada en aquel lugar, te has dejado la piel intentando que aquello funcionara de una manera humana, con nombres y apellidos en lugar de con números abstractos. No lo hiciste tan mal, te dices, si esta voz del pasado está ahora mismo aquí conmigo.

.... Y, en estas he estado esta última semana, vocalizando el adiós, espero que comprendáis mi ausencia por vuestros muchos lugares y que no me lo tengáis en cuenta.

23 abr 2010

Un año más ...




Y ya he perdido la cuenta. Única fecha al año que intento celebrar. Primer año en muchos que consigo hacerlo como a mí me gusta: regalando un libro. Adquirido a última hora, casi sin pensarlo. Allí estaba yo, parapetada bajo la lluvia, y, a mi lado, ese título que mi plural tenía ganas de leer, y ..... bueno, el libro se vino conmigo, cómo no.

Es difícil verme en cualquier sitio sin un libro a mi vera, desde que era chiquita las historias escritas me han acompañado. Creo que todo empezó cuando mi abuela me relataba cuentos de su tierra, con aquella voz de terciopelo que sólo utilizaba para enamoriscar a sus nietos. Pasado el tiempo comprendí que había otra manera de llegar hasta la magia narrada cuando La Chaponina no estaba cerca y .... el flechazo fue absoluto, uno de esos amores que caminan con una para toda la vida. Primero fueron tebeos, luego aquellas novelas de amor que mi madre tenía guardadas en el baúl de los recuerdos y que consiguieron que ella aprendiera a leer, después las posesiones de aquel vecino que estaba encantado de que alguien mostrara interés por ellas, y, por último, el amplio mundo de las bibliotecas. Creo que leí de todo, a destiempo, seguramente a deshora, sin entender la mayoría de las veces la esencia de lo que leía, pero ... a cambio, el gusanillo de la lectura se convirtió en mi compañero.

No hay nada que me guste más que regalar un libro ya leído y manoseado, con las hojas cubiertas de mis huellas dactilares, con alguna pestaña, y, por qué no, con el recuerdo de alguna lágrima. Es el mejor regalo posible, para ofrecer y para recibir, la historia que alguien escribió con la intención de aquel que la ha leído y que se ha dejado apasionar por ella.

Cualquier día se puede regalar un libro, pero .... no sé, un día como hoy, parece que tiene otro sabor. Algún día tenía que ser como el resto del mundo y adoptar una fecha en el calendario para algo ....

Que ustedes lo lean bien, que lo disfruten y que logren que alguien lo disfrute a su lado.

21 abr 2010

Allí donde descansan los afectos


Con la edad ganamos en experiencia lo que perdemos en naturalidad, en intuición, en derrocharnos. El que no reconozca que se ha dejado la piel envuelta en los abrazos de mil amores de la infancia es que ha decidido prescindir de su memoria. Hemos querido y nos han querido, hemos tenido nuestra más mejor amiga, que decíamos de pequeñas, y, cómo no, nos han roto el corazón cientos de veces. El tiempo, después, ése que es tan esquivo, ha conseguido que, con las canas, todo aquello se haya ido olvidando para transformarse en un mínimo recuerdo que nos hace sonreír, muy de cuando en cuando.

Los afectos adultos son otra cosa, algo muy diferente. Estás porque tienes que estar, sientes cariño, preocupación, admiración, ternura .... pero todo es de otra manera. Ya no vas a sentir que te tiemblan las rondillas ante una puñalada trapera, no vas a dejar de dormir porque alguien te retiró el saludo, no vas a quedarte acongojado y suspirando semanas enteras ante el último agravio de la lista. Y, tampoco, porque ambas sensaciones van siempre unidas, te vas a volver a sentir tan unida a alguien, tan especial, tan única, como cuando de pequeña sabías que tenías un amigo. El amigo. Ese que sabías que te iba a respaldar, pasara lo que pasara, ese que se partía la vida si hacía falta por ti, ese que te comprendía con sólo guiñar un poco las pestañas.

De cuando en cuando una siente ganas de volver a aquel momento único y especial en el que sabía, perfectamente, donde descansaban los afectos.